domingo, 7 de junio de 2009

Feliz cumpleaños

Hoy es tu cumpleaños. Y anoche me acosté relativamente pronto, si contamos con que ayer era sábado y a las doce y media de la noche estaba en la cama. No sé si quería dormirme porque estaba cansada, o para evitar coger el móvil y enviarte un mensaje. Ya he pasado una tercera parte del día sin teclear ningún mensaje de cumpleaños. Ahora solamente me quedan doce horas y media más para no pensarte y no felicitarte.

Si no lo hago es porque creo que hace tiempo dejé de existir para tí, y que, al igual que yo, un mensaje de mi parte sería un estorbo, o, como mucho, un mensaje equiparable al típico mensaje de Movistar o Vodafone que envían todas las semanas, presentando ofertas y promociones de diversos tipos. Y yo no quiero que leas mi mensaje sin ganas y que lo borres al microsegundo de haberlo leído por completo. No quiero eso. Y tampoco quiero felicitarte por otra razón: tú decidiste no querer saber de mí, y sería contraproducente y a la vez ridículo que volviera a aparecer cuando ya no te merezco la pena. O simplemente no te merezco.

Últimamente le doy demasiadas vueltas a la cabeza. Y el hecho de no felicitarte ya lo había pensado, analizado y comprendido. Y eso no está mal para personas como yo, a las que les cuesta decidirse. Aún así... hoy cumples 21 años. Me invento la historia de tu vida. Y supongo que anoche celebraste esa nueva cifra junto con las personas que más te quieren. Y supongo que en resto de tiempo de este domingo recibirás mensajes de la otra parte de personas que no han podido estar contigo y te recuerdan, y te felicitan. Y supongo, también, que no mirarás el móvil, en ninguna ocasión, con la intención de ver mi nombre, o mi número, y mi mensaje de felicitación. Pero, si te digo la verdad y te digo lo que quiero que pasara... sería todo lo contrario. Que en tu día te acordaras de mí, que desearas recibir mi mensaje, y que lo echaras mucho de menos si no lo recibieras, a consecuencia de haber ido recibiendo uno cada 7 de junio durante los últimos 6 años. Yo siempre me acordé de ti. Hoy no iba a ser menos, por ser un año diferente o porque nos hayamos perdido. Eso no implica nada.

He decidido no felicitarte, pero te dejo esta canción a modo de regalo. Sé que te gustaría. Y supongo (sigo en mi línea de suposiciones) que aunque es lo que yo podría decirte, también me gustaría, en cierto modo, que fueran cosas que tú también quisieras decirme.

Feliz cumpleaños.

La mitad de las cosas que no dijiste

Me falta la mitad de las cosas que no dijiste y me sobra la tercera parte de los momentos en que no (me) das señales de vida. Me falta aprender a no tenerte (como siempre) y me sobra tiempo para gastar tu rostro pensado. Me falta una copa de ron para ahogar mis penas y me sobra la noche estrellada para hacerla melancólica con tu ausencia. Me falta esa caída total que me haga saber que no volverás y me sobra el deseo de que puede que sí decidas regresar a mi vida.
Me faltan parte de tus palabras en mi retina y me sobra la inversión de mi tiempo libre en tus ojos. Me falta darme cuenta de lo que tú quieres en realidad y me sobra el ser insistente con lo que me importa. A veces las cosas no funcionan así. A veces, aunque más lo desees, todo deja de suceder. Unos dicen que es el destino, otro que el azar...yo sigo pensando que a veces, tenemos un 4% de posibilidades (en nuestras manos) de poder cambiarlo todo. Sólo hace falta decidirse a coger los hilos que nos rodean y a manejarlos tal y como queramos. Con la intención de hacer algo o no. De decir algo o no.
Me faltas tú y me sobra ese 96% de posibilidades de que el destino juegue conmigo y haga que sigas desaparecido (para mí) durante todo el tiempo que me queda por vivir. Me falta ser más independiente y olvidadiza, y me sobran las cosas que me recuerdan a ti.

sábado, 6 de junio de 2009

El paralelismo de tus lunares


¿Debería decirte que he aprendido a mirarte dos de tus lunares a través de fotografías? No lo sé. Sólo sé que desde que no estás ahí invierto parte de mi tiempo en ver las fotos en las que salimos juntos. Y debería decirte que me gusta el lunar que rodea tu boca. Es gracioso. Tú tienes un lunar marrón a la parte derecha e inferior de tu boca, yo, por contra, tengo un lugar casi del mismo color que mi piel, a la izquierda de mi boca, y en la parte superior. Me di cuenta de ello el otro día cuando miré esa fotografía en la que salimos juntos. Tú mirando al objetivo y yo mirando hacia arriba, sosteniendo un cubata. Y puede que no me contemples feliz en esa foto, porque no estoy sonriendo y pongo un gesto contrario al típico que suele ponerse para las fotos. Pero realmente lo era. Lo fui. Lo recuerdo y casi lo vuelvo a ser. Pero ya nada es lo mismo porque de una manera u otra dejé de tenerte. Dejamos de tenernos.


Bueno, volvamos al principio. Te decía que había aprendido a mirar dos de tus lunares. El primero es ese que habita cerca de tu cara, y es testigo de todos los besos que das. El segundo es paralelo al primero cuando levantas la cabeza y se puede contemplar tu cuello. Son casi del mismo tamaño, y me atrevería a decir que del mismo color. Resaltan, destacan. Porque a pesar de que el color de tu piel es tostado, tus lunares son todavía más marrones. Puede que nunca te hubieras dado cuenta de ello, me refiero a ese paralelismo entre dos de tus lunares. O puede que sí pero que nunca nadie te lo hubiera dicho antes. Aún así, qué más te dará que yo me fije en tus lunares si para cuando leas o escuches esto habrá pasado ya demasiado tiempo...y no me tendrás en cuenta. Mucho menos este tipo de conversación en el que yo te cuento que me gustan tus lunares, o que me gusta mirarlos a través de un documento digital que conservo en esta memoria. A veces me pregunto si no debería esconder esta carpeta de fotografías en algún rincón de este ordenador, para no mirarlas más. Pero sería estúpido. Hace algunos meses fui a revelar unas fotos y en algunas de ellas apareces tú. Y no puedo pasarme la vida escondiendo carpetas o álbumes sólo por no reconocerte. Sólo es necesario evadirme durante tres segundos de esta vida que me pertenece para imaginarte a mi lado, o en tu ciudad, sentado sobre un parque, sobre un banco...o conduciendo tu coche, con esas gafas que bien te quedan...

Creo que voy a dejarte... El lunes tengo el examen más difícil de todos. Siento mucha impotencia. No logro comprender muchos conceptos, y quizá sea porque nunca podré ser de números. Quizá sea porque desde el mío día en que nací estaba planeado que yo destinaría la tercera parte de mi vida a las letras, a escribir, a expresar todo lo que siento. Y en realidad no sé por qué te estoy contando todo esto.

Espero que tengas muchos motivos para sonreír. Luce tus lunares, y sé todo lo feliz que puedas. Me gustaría poder decírtelo, aunque no a la cara por imposibilidad física, sí me gustaría que hubiéramos vuelto a llamarnos.
Pero ahora sólo puedo llegar a ver los créditos de la película. El fin quedó atrás.

viernes, 5 de junio de 2009

6 años, 14 días y 3 horas



1 de noviembre de 2008. Después de 6 años, 14 días y 3 horas, nos volvimos a encontrar. Ese fue uno de los días en que más adrenalina supieron contener mis huesos, aferrándose a todos los músculos que conforman mi cuerpo. Los nervios, al principio y al final, me acabaron delatando. Siempre he pensado que no soy excelente en eso del disimulo cuando las piernas quieren hacerse notar. Temblando. Así me encontraba. Y sólo compartimos dos horas y media después de tantos años sin vernos, sin encontrarnos físicamente.


Dos besos, un leve abrazo y miradas cortas. Puede que en los primeros minutos de aquella tarde del uno de noviembre no fuera capaz de mirarte durante demasiado tiempo. Ese día fue el origen de que meses después te entregara un cd con un título que, en parte, sí tenía sentido. Para mí comenzaste a ser el chico de la coca-cola, y ese mismo chico era el chico bueno, el más simpático, el que se acercaba, el cariñoso y detallista. Nunca pude contemplarte de esta manera porque nunca creí que eras así. Pero la tarde fue bonita ¿verdad? Pero cómo no...le vuelvo a dar demasiadas vueltas a todo.
En teoría estábamos enfadados, pero supongo que, en el fondo, ni tú ni yo queríamos desaprovechar la oportunidad de vernos, después de regresar a esa ciudad varios años después. El reencuentro fue chocante, y alegre. Bonito. También me pregunté qué podríamos haber sentido si hubiéramos estado todos esos años sin hablar y sin mandarnos fotografías. Posiblemente mis piernas hubieran temblado mucho más de lo que lo hicieron, y posiblemente tú hubieras estado nervioso. O quizá lo estuviste, pero tú sí eres bueno en el arte del disimulo y a veces he deseado que no fuera así. Que fueras más explícito, más abierto, más pasional, y te preguntarás ¿por qué? Supongo que desde muy muy pequeña me educaron de manera que acabé siendo una niña cariñosa y cercana. Aún lo sigo siendo. Tú lo sabes bien. Regalo abrazos, besos y sonrisas por doquier. Está en la decisión de los demás la opción de escoger quedárselos. Y yo, la verdad, no sé muy bien qué tipo de decisión has ido tomando respecto a mis muestras de cariño. Supongo que en ocasiones creíste que no era el momento y en otras te hicieron sentir bien, pero cómo ves...vuelvo a imaginármelo todo porque tú no eres de los que explican y yo soy de las que escriben historias al por mayor, y todas me las quedo, también las que hacen daño.

Ojalá hubiera aprendido a ser menos cariñosa. O contigo. Porque sólo así me sentiría menos correspondida con un cariño que no puedo evitar sentir por alguien que de alguna u otra manera siempre formó parte de mí.

Son muchos recuerdos, y esta foto me recuerda a la primera despedida. Resulta paradójico, pero el 18 de octubre de 2002, como bien sabes, no te despediste de mí. Tampoco nunca me diste una explicación. Quizá no tuvieras excusas ninguna, pero a mí me da por pensar...e imagino que por aquel entonces mi marcha no te importaba demasiado, o es que la palabra "adiós" no te gustaba y optaste por no utilizarla. Yo sólo sé que si el 21 de octubre de aquel mismo año hubiera vuelto a clase, y no te hubiera visto ocupar tu silla correspondiente, algo de mí se hubiera muerto, y hubieran acabado muchas cosas. No sé si me comprendes... Tampoco es necesario. No ya a estas alturas en que todo está perdido. O eso creo.

Pero retomo mis pensamientos... tú te despediste de mí por primera vez en esta estación. Con la intención o no de quedarte un rato más mirándome a los ojos. De sonreírme con los tuyos y obtener una decena de sonrisas por minuto de mi parte. ¿Podría haber sido más fácil la despedida? No sé... a mí me costó, e intuyo que a ti te afectaría mínimamente porque no querías subir esas escaleras, después de hacerlo porque yo te lo pedí, te quedaste arriba, mirando, con los brazos cruzados viendo como me marchaba, alejaba, distanciaba... Todo se reduce a lo mismo.

Nos volvemos de nuevo lejanos y tú escondes palabras que nunca dices, sin embargo, eres capaz de dar muchas otras cosas o hacerme inferir el significado de tus sensaciones a través de tus pupilas. Pero nunca creo estar en lo cierto...y cuando lo estoy, quizá sea demasiado tarde, o demasiado pronto. Nunca es tiempo para entedernos.

Sin duda, una despedida no con sabor amargo, sino con un gran poso de alegría en mis mejillas y en mis brazos. Me hubiera gustado explicártelo. Y puede que ahora tampoco sea el momento, pero esto fue lo que sentí. Y quería escribirlo.



Desquicio

¿Te acuerdas cuando el sonreír era casi una obligación y no simplemente un derecho? No te acordarás porque nunca hablamos de eso, aunque sí de mis sonrisas. Cierto día me dijiste que yo sonreía siempre...yo después bromée contigo, diciéndote que algún día tendrias que comprarlas, pero dificilmente puede ocurrir algo asi porque cuando estoy a tu lado, todo cambia, y empiezo a sonreir (como si fuera una niña pequeña a la que le acaban de regalar la muñeca más bonita del mercado. La de los ojos más verdes y la melena más rubia) y te las empiezo a regalar.
¿Te acuerdas que desaparecí un 18 de octubre? No digo de tu vida porque dudo que entonces yo formara parte de ella. Aunque asi lo deseaba. Yo no sé qué pasaría por tu mente aquel día y como ves...despues de tantos meses, sigo queriendo saber qué sentiste, tambien pienso que le doy tantas vueltas que no tiene sentido, que tú nunca sentiste nada, que simplemente se fue una chica más de esa clase, como vinieron otras muchas después, o se fueron muchas otras antes. No sé por qué siempre quise pensar que notarías mi ausencia y que incluso podría llegar a dolerte. Pero algo te duele sólo cuando puedes empezar a construir aprecio por alguien, y sentirlo muy en el fondo de ti mismo. Y yo no puedo pedirte eso, ni antes, y ahora, también mucho menos.

Yo me acuerdo de (casi) todo, y de ti, claro. Me cuesta mirar atrás, y adelante. Pero mucho más equilibrarme en este presente que me ofrece muchas posibilidades y me quedo sentada, porque así lo prefiero, dejandolas pasar. Sólo porque soy demasiado cabezona como para prescindir de alguien que nunca me ha valorado, o si lo has hecho, fue en silencio y durante 4 minutos y medio. Cuatro minutos y medio más que podrías haber destinado a explicarme qué narices soy para ti. Puede que para cualquier otra persona no signifique nada, pero para mí siempre fue importante tu opinión. Pero hay días que pienso que todo eso forma parte de la pelicula más tonta y americana de todas las que podía llegar a montarme.
Y sólo puedo llegar a una irremediable conclusión: No tengo remedio. Y esto me desquicia.

jueves, 4 de junio de 2009

Melancolía añadida

Sólo quedan 3 días para tu cumpleaños. Sólo 72 horas. Y esta vez, este año, se me hará realmente raro no felicitarte a las 00.01 del primer domingo de este junio. Llevo felicitándote alrededor de 7 años, religiosamente, con mensajes, siempre, de cariño, con besos al final y un deseo de felicidad enorme. Pero creo que tú ya lo eres, y tal vez este sea tu cumpleaños más feliz porque lo podrás compartir con esa persona que tanto quieres. 21 primaveras. Y totalmente como extraños. Intentaré, pensar, el domingo en otro tipo de cosas que no sean tú, pero muy seguramente no lo consiga. Y a pesar de que tú no me has felicitado siempre en el día de mi cumpleaños...nunca te lo tuve en cuenta, ¿por qué?. Aún hoy no me lo explico, como muchas otras cosas que en su día creí que me unían a ti.
¿Sabes una cosa? No tiene mucha importancia...pero tú y yo nacimos en martes. Tú en primavera, yo en verano. Aún así...yo quería llegar a este mundo un mes antes. Pero un hombre de bata blanca le aconsejó a mi madre que debía esperar. Como una niña buena, supe esperar. No sé por qué razón querría llegar antes a este mundo. Ahora mismo, si leyeras esto, dirías que escribo tonterías, que no tiene sentido, que tú me has olvidado hace ya demasiado tiempo y yo me resigno a conservar algo que se ha roto en algo más que pedazos. Quizá no haya terminado de abrir los ojos, quizá no sepa cambiar como tú dijiste cierto día que no podría conseguir...pero a lo mejor ya lo he hecho. Me refiero a que a lo mejor he cambiado, un poco, en parte...porque si de otras circunstancias se trataran, y yo siguiera siendo la misma de siempre, muy posiblemente hubiera aparecido a los dos días de discutir entre nosotros, y en tu ventana, lanzándote, primero, frases de un odio imperceptible, para más tarde, reclamar tu atención. Y en realidad...creo que no es, ni tampoco nunca lo fue, tiempo para pedirte perdón continuadas veces, ni pedirte, también, que me prestaras atención, que volvieras a escribirme, que volvieras a mi vida. En definitiva.
Ahora has tenido mucho tiempo para hacerlo. Para retroceder. O simplemente para volver. Pero no has querido. Debes haber estado entretenido, u ocupándote de ser y hacer feliz, cosa que no puedo recriminarte porque no hay nada más bonito que eso en esta vida, aún así, siempre nos podemos esforzar por ser felices, sin tener que causar dolor en personas que alguna vez nos importaron, aunque mínimamente. Yo, en invierno, me decía a mí misma que sabía hasta donde podía influirte... ahora, cambio de opinión. No lo sé. O simplemente debería negármelo, y afirmar que no te influyo en absoluto. Es duro. Todo esto me apena. No sé como cambiar esta sensación y no entiendo por qué me resulta tan fácil escribir sobre ti una media de tres veces por semana.
Aún así...deseo que sigas siendo feliz. Este domingo, y todos los demás domingos de tu vida. Seguro que sabes cómo hacerlo. Puede que no felicitarte sea un paso más, un escalón más, subido, en esta escalera de asimilación de cosas que aún no logro entender. Tú tampoco podrías entenderme, ni yo a ti. Estamos predestinados, también, a no comprendernos. Tú eres paciente, tranquilo...y yo todo lo contrario. Tú usas pocas palabras y yo quizá emplee más de la cuenta, porque quizá me gusta expresar lo que siento y aclarar cada sentimiento, cada sensación que conforma mi cuerpo, mis venas, mi corazón. Tú vives, y a veces, a mí, me falta realismo. Pero todo esto puede cambiar. Seguro que sí.
De todas formas...¿cómo puedo pretender entenderte si ni siquiera me comprendo a mí misma? No sé qué hago aquí, escribiendo todo esto cuando tengo un tema de conceptos estadísticos que estudiar. Son las diez y media de la mañana. Odio que vengas a mi cabeza en horas tan tempranas. No te molestes en entenderlo. Yo sólo quiero tiempo, y olvidar que quiero olvidarte, para poder conseguirlo, al fin, inconscientemente, a ser posible. Porque a veces pienso que siento más tristeza que melancolía, que aunque sean dos sensaciones semajantes...creo que la melancolía pesa más. Y digo esto porque esta sensación te produce que eches la vista atrás en demasiadas ocasiones, y yo acabo cansada, cada noche, de recordar cosas que para muchas otras personas serían detalles insignificantes, sin necesidad de destacar. Por ello, quiero desprenderme de cualquier tipo de melancolía que se haya quedado adherida a mi piel, a mis lunares y a mis pestañas. Quiero días azules, olas revoltosas jugando con mi bikini, atardeceres templados, miradas sanas, el sabor a sal en mi piel, hielos en mi boca refrescando un verano inminente y razones, sobre todo, razones para pensar que puedo vivir sin ti.

lunes, 1 de junio de 2009

Sólo fui ESO

Me gustaría poder pedirle que desgastáramos el colchón a base de besos y caricias, como hace apenas tres meses, pero a pesar de estar lejos, le complico el hecho de poder verme. La excusa principal son mis exámenes, pero ...¿qué pasará cuando éstos se acaben? ¿querré verle? Me inundan demasiadas preguntas que fácilmente pueden agobiarme, si me dejo.
Y me dejo.
Lamento, más tarde, mis errores. Y quizá cometa el error de querer perderle si alimento la sensación de que no le necesito y sólo porque tú ya no estás en mi vida, porque no quieres, no te hace (ni hago) falta. Estás bien con tus cosas y yo siento este dolor como una carga pesada que le cuesta soltarme incluso en los días bonitos y las noches templadas. Estrelladas.
Voy a proponerme aprobar estos exámenes, colmar, después, mis días de verano de agua y de luz. De lunas menguantes y sonrisas rojas.Aunque dice el refrán que del dicho al hecho.....
Con esto quiero que entiendas que ni siquiera yo me pongo fácil la tarea de olvidarte. También he leído que el olvido voluntario es imposible y mi pregunta ahora es ¿cuando olvidaré que quiero olvidarte? ¿o es que no quiero hacerlo? Solo sé que no tenías derecho a acabar así con todo, con esa frase tan fea, resumiendo con el término de TEMA una relación que meses antes definiste tú como AMISTAD. Y definiéndome a mí como especial.
Y bien, después de cosas como éstas... o se te da realmente bien mentir, o yo vuelvo a ser la mismia ingenua de siempre. Me gustaría concentrarme en otras cosas, y en él, sin que estuvieras tú.
Me gustaría dormir más, tomar menso café. Pensar menos en ti, mirar menos tus fotos, o la rosa o el perro que pones de principal. Tus palabras en el nick, también me matan, porque delatan una gran felicidad. Yo dejo de pensar, así, en cómo es hacer el amor con la persona que me desea y tú seguramente lo hagas con la persona de la que estás enamorado (de ahí, tu felicidad, claro...).
Yo, al fin y al cabo, sólo soy un estorbo, la voz de la conciencia (a veces), el razonmiento puro que sólo podía aportarte consejos, la risa marchita, las preguntas infinitas, el libro abierto, el corazón dañado, la chica de los ojos tristes, la de los mensajes con besitos al final.. La de las cajas dulces y miradas robadas. La mujer de los detalles. La persona en la que tú ya no piensas, proque sólo fui una ventana, un pasatiempo, unas simples palabras. Sólo fui eso.