lunes, 13 de septiembre de 2010

¿Sabes una cosa...?

Eres lo más bonito que ha aparecido en mi vida en el transcurso de los últimos años,
pero me merezco sentirme BIEN.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Lo harás?

Dime que para cuando vuelva por Madrid buscarás una cafetería bonita a la que llevarme y en la que contarme todo aquello que ahora ni tú mismo eres capaz de entender, todo eso que no puedes explicarme, todo lo que no me has aclarado, todo lo que necesito saber para volverme menos loca.
Y lo sé, sé que tú no eres de dar explicaciones a nadie, que no te gusta buscar palabras para contar sólo lo que tu corazón quieres guardar (y esconder). Pero necesito saber qué ha pasado para saber que ha sido real, que tú y yo sí hemos vivido algo, que ha pasado de verdad, y que un día querrás recuperar esos momentos aunque sólo sean recuerdos.

lunes, 6 de septiembre de 2010

En resumen.

Seguramente no puedas ponerte en mi situación. Muy seguramente jamás podrás acercarte a esto que siento por ti. No sabes lo que es quemarte por dentro cuando estás en el trabajo y al pedirle los datos a alguien a quien no conoces, me pronuncie tu nombre dos veces seguidas por si no lo he oído bien. Tampoco sabes lo que es salir a las ocho de la tarde mientras tus padres te esperan en una terraza para tomar algo y de vuelta a casa saludan a alguien y te dicen su nombre. Joder, ¿también tenia que ser el tuyo? ¿Es necesario escribir, escuchar y leer tu nombre casi por triplicado en menos de 8 horas? Esto no debería ser así. No.Yo debería tener un radar en el corazón, una cremallera funcional con la que poder ponerme a salvo.Yo debería haber resuelto ya la ecuación exacta, debería haber puesto en práctica desde el primer día la teoría que me salvaría del ahogo, de la pena más profunda. Debería haberte querido un poco menos. Y debería, como mínimo, haberte prohibido besarme más de la cuenta, para no llevarme tu olor, tus ojos en mis retinas, tu risa en mi cabeza, tu manera de mover las manos, tu manera de toser, tu manera de estornudar, tu manera de caminar, tu manera de bromear conmigo, tu manera de fingir que tu coche ya no está donde lo dejaste, tu manera de devorarme la boca a las dos de la madrugada. Pero, como siempre, no aprendo. Porque llegados a este punto, no necesito a alguien que me enseñe como hacerlo, solo necesito a alguien que me frene a la hora de querer para no dejarme encima del asfalto el cariño sobrante que al resto no les hace falta. Como a ti, que quizá todo te pareció demasiado.
Pero ya no me resigno pensando que llegué en el momento equivocado, en un instante de tu vida erróneo, en el capítulo impreciso. No. Lo he dejado todo en tus manos y lo único que puedo pensar es que los dos estuvimos equivocados. Pero no vas a aparecer, no vas a convencerme de lo contrario. Ni siquiera vas a gastar de tu tiempo en escribir un resumen como hacíamos de pequeños sobre todo esto. Ni siquiera te molestarías en poner un título a la redacción cuyos protagonistas fuéramos nosotros. Ni tan solo te esforzarías por escribir un final cualquiera para los dos.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Perderse.

Es fácil perderse sola (y mentalmente) en un sitio tan grande una tarde de julio. Es más fácil todavía perderse dentro de cuatro paredes de las que cuelgan cuadros que reflejan esos sitios donde sabes que podrías ser feliz. Es fácil dejar de ver todo de manera correcta cuando el sol potente de las cinco de la tarde es capaz de dislumbrarlo todo. Pero sobre todo, es necesario dejarse llevar, perderse, hasta que quieras llegar a casa, hasta que alguien te encuentre despistada con una sonrisa entornada.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Lo que me faltaba.

Han pasado tantas cosas por mi cabeza y tan pocas por tu corazón, que lo único que puedo pensar ahora es que lo único que has hecho es ayudarme a cerrar un capítulo, si es que una vez lo hubo. Ni siquiera tengo que enseñarte a olvidarme, me impresiona tu forma de vivirme.
Yo, que había pensado que todavía nos quedaban minutos para hacerte reir y para que hicieras de acompañante vip en uno de los conciertos de mi cantautor favorito.
Yo, que he pensando en mil cosas contigo. Yo, que he gastado de mi tiempo en vano. Yo, que no me di cuenta que también tus palabras estaban a punto de caducar, y que todo el sentido de lo que tuvimos, se quedó en el km 80 de la carretera que nos separaba. Aunque, a decir verdad, más que los kilómetros, lo que me separa a mí de tí, eres tú, y eso duele, pero a ti no te importa mi dolor y yo me muero con solo pensarlo.
Sin duda, me merezco algo más.

jueves, 5 de agosto de 2010

Pensaba.

Pensaba que ya me había quedado hueca, totalmente vacía de palabras para ti. Pensaba que ya me había desnudado por completo. Pensaba que ya estaba todo dicho y probablemente tú sigas pensando que así es; pero, al mismo tiempo, cada vez que cuelgo el teléfono y dejo de escuchar tu voz (esa que tanto me gusta), me pregunto cuántas cosas se habrán quedado en las paredes de mi corazón, queriendo recorrer el camino hasta mi cerebro, y así, manifestarse a través de mi voz, haciéndote creer que esto que ha sucedido ha sido verdad, parte de nuestras vidas, la de los dos, aunque breve.
Y podría decirte que también pensé en que esto iba a ser menos doloroso, pero en este caso, te mentiría. Aún así, me gusta verte bien, me gusta verte sonreír, me gusta ver que al menos, uno de los dos, va a seguir caminando sin temor a los días que vendrán sin nuestras pieles juntas, calientes.
Y me gustaría decirte que voy a sobrevivir sin tus besos de una manera perfecta, pero voy a tener que hacer malabares para poder conseguirlo, aunque tú ahora posiblemente estés riendote por dentro, o pensando que soy más fuerte de lo que parezco.
Y para acabar sólo puedo preguntarte otra cosa: ¿cuándo nos volvamos a ver ocurrirá lo mismo? es decir...¿y si para cuando esté mejor te vuelvo a ver y renace la magia que hemos sentido? ¿me tocará volver a sufrir? ¿tendré que maldecir al destino, o morderme la lengua, o soñarte cada noche para antojarte menos lejos de mí?
Supongo que ninguno de los dos tenemos las respuestas, y que, si las tuviéramos, no sería precisamente lo que quisiéramos oír.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Inevitable.

¿Sabes una cosa? Si hago una cosa bien es complicarme la vida, y con esto no quiero decir que tú seas una complicación para mí, al contrario. Sino que antes de hacer este viaje pensaba que pondría en orden muchas cosas, y lo único que he conseguido es regresar a mi casa con más quebraderos de cabeza.
Yo no sabía que nos iba a suceder esto, ni siquiera sabía que podía ser capaz de sentir tanto en tan poco, pero, joder, es que se trataba de ti, DE TI. Y era algo inevitable que esto sucediera, ¿no crees?
De todos modos, volvería a hacer este viaje mil veces seguidas, volvería a buscarte, a robarte sonrisas por calles estrechas, a tocarte y salir corriendo detrás de ti mientras oigo el eco de tu risa. Volvería a regalarte gominolas para volver tus días más dulces. Volvería, sin dudarlo, a hacer todo lo que he hecho y a introducirte en mi corazón con los ojos cerrados. Volveria a cogerte de la mano como solía hacer de pequeña. Volvería a pedirte con voz templada que me dieras un beso, de cualquier forma, pero un beso. Volvería a sentarme en ese sofá contigo, y a regalarte cosquillas hasta que no pudieras aguantarlas, y como no, me volvería y te diría que eres lo que quiero. Lo que más quiero.