jueves, 29 de abril de 2010

Tipos de corazones.

¿Qué sería de mí si a cada chico nuevo que he conocido en este último año le hubiera dicho que sí, o le hubiera cogido de la mano, o le hubiera empezado a querer? ¿Qué tipo de tratamiento al corazón le hubiera dado si le hubiera abierto las puertas a todas esas personas recién llegadas? ¿Qué tipo de sentimientos albergaría mi corazón si cada dos por tres me embarcara en relaciones de este tipo?
Yo ni soy, ni quiero ni puedo ser como tú. Y no es que sea difícil, simplemente que a ti todas las chicas te valen, y yo, sin embargo, gasto más tiempo en mirar de qué material está hecho el corazón de la persona que se supone, va a ocupar el mío durante bastante tiempo.
Y por último, lo que más pena me da, después de estos seis años, es que ya no sé de qué manera quieres a las personas. Y me permitirás que lo dude, después de asegurarme que estabas enamorado de alguien que no era yo, y al cabo de treinta días, encontrarte completamente seguro de que no. Porque si se trataba de una mentira o no, ya no importa. Cualquier cosa estorbaría en estos momentos. Y para no complicarlo más, para no decepcionarme más ni sumar más desilusiones a esta vida mía, nos quedamos lejos.
Tú, con tu corazón. Y yo, con el mío, quizá más selectivo, más cerrado, algo más complicado, pero ¿sabes una cosa? estoy orgullosa de que así sea. Muy orgullosa.

miércoles, 28 de abril de 2010

Quiero que estés aquí.

Que te echo de menos es una obviedad, algo que ni tu ni yo,

ni Mahoma ni Yahve, pueden cambiar.

martes, 27 de abril de 2010

Nada tuyo.

No puedo, ni quiero, ni debo, ni merezco seguir viviendo pisando estas calles que tú pisas, y dejando que mi corazón se alborote a cada coche naranja que pasa por delante de mis narices.No es sano vivir así. Tú más que nadie debería saberlo, pero no hay nada que te recuerde a mí aunque pises zonas que juntos caminamos. Yo eso no quiero cambiarlo, y tampoco lo haría.

No me gustaría alimentar mi vida de un rencor que desee generar taquicardias o pequeños palpitos en ese corazon tuyo. Por eso mismo, solo me cabe esperar que todo cambie. Que la fragilidad se escape un día por la puerta entornada, y que no vuelva, hasta que tú también te hayas ido. Para así, poder seguir paseando con total normalidad, como si nuestro pasado nunca hubiera sido nuestro, y como si a mi pasado, ya no le quedara NADA tuyo.

Martes.

¿Por que si el martes pasado fue un dia de la ostia y hoy quiero sentarme en el banco más viejo del parque para echarme a llorar mientras el sol va quemando las puntas de mi pelo?¿Por que si el martes pasado me sentia viva, hoy, que es martes tambien, me siento asi de mal?¿Por que todo me influye hasta el ultimo poro del quinto dedo de mi mano derecha y por que tengo que ser tan puñeteramente sensible?¿Por que no me hicieron mas fuerte, o con otro tipo de piel mas dura?¿Por que me asusto, y por que todo me da miedo, incluso una fecha?¿Por que no tengo las narices suficientes como para hacerme a la idea de que el mundo no se acaba aqui y ahora?¿Por que no quiero que se vaya?¿Por que quiero irme yo?¿Por que inventaron el simbolo de la interrogacion y su correspondiente por qué?

domingo, 25 de abril de 2010

Segundas partes.

Se supone que la quería, que la adoraba, que era mucho y a cada paso, la mitad de su vida. Se supone que cada tarde ansiaba encontrarla a mitad del camino, en el museo contemporáneo de la ciudad. Se supone que si la echaba de menos, verla en la pantalla de su teléfono le llenaba de alegría. Se sentía acompañado. Se supone que no paraba de soñarla, que no paraba de amarla ni un solo momento, ni siquiera en los enfados más sonados, en los días distantes o en las noches grises. Se supone que su sonrisa iluminaba sus mañanas y sus ratos más amargos. Se supone que eran sus manos, las de ella, las más adecuadas para secarle las lágrimas, sus ojos, su rostro. Se supone que sus manos eran las perfectas para anudarse a ellas en días de feria, de luces, de buenos tiempos. Se supone que no se cansaba de ella ni cuando ella estaba triste y no podía robarle una sonrisa al día. Se supone que nunca se agotaba si ella se enfadaba o se quedaba lejos de sus brazos. Se supone que ningún día sobraba de sus calendarios si ambos seguían juntos. Se supone que lo suyo era de ella, y viceversa. Se supone que compartir sus sentimientos era lo más hermoso que había en su vida. Se supone que cuidarla era su mejor pasatiempo, y adivinar la emoción que se escondían sus labios, el jeroglífico más entretenido. Se supone que era valiente y quería conservarla. Se supone que su pelo era el más sedoso, y sus ojos, los más bellos. Se supone que no quería dejar de besarle nunca. Se supone que fueron años buenos, felices, bonitos, azules. Pero todo se supone, porque ahora ella no puede creerlo. Ella ya no tiene miedo, pero sí desilusión. Ella creía que habían sido años de amor inmenso, de confianza mutua; hasta que, después de dos años después de todo aquello, él le confesó que lo más valioso,lo único perfecto, fueron los diez primeros meses.
¿10 meses? Ella querría reirse, pero solamente llora. Se enfrenta a una verdad, a un pensamiento que le duele. Ojalá me lo hubiera dicho antes, ojalá hubiera tenido el valor de decirme que el resto de días no fueron tan felices como aparentaban.

Sin embargo, ella sigue pensando que aquellos veranos, que aquellas tardes de arena y agua, de apuntes compartidos, de meriendas creadas a base de risas y miradas furtivas, era todo lo que necesitaban, lo que les bastaba para ser todo lo felices que nunca habían imaginado llegar a ser.

Pero todo fue mentira.

Y se supone que él le habría querido para siempre, que nunca le haría daño por nada del mundo, que le socorrería siempre, que le dolería su dolor, que le guardaría un sitio en su corazón, aunque pequeño, pero cierto. Se supone que ella seguiría siendo algo, para él. Pero todo se supone, porque todo dejó de ser todo para ser nada.
Se supone que encajaban, se supone que se iban a querer siempre de alguna u otra manera.
Pero en el último momento, él la jodió,la jodió como nunca. Y se supone que las personas se merecen segundas oportunidades.Ella se la dio. Él no quiso aprovecharla. Todo se desmoronó.
Y al final, ella sólo puede gritar al viento que Las segundas partes, nunca fueron buenas.

sábado, 24 de abril de 2010

Ni en venta, ni en alquiler.

No tiene el corazón en venta, ni siquiera en alquiler. No puede besar corazones palpitar sin que le duela. No puede escucharlos sin que se le derrame una lágrima rápida hasta el ombligo. No puede anudarse de ninguna mano. No puede sanarse las heridas cada madrugada por falta de fuerza y de tiempo. No le brillan los ojos cada mañana y se estremece al ser consciente de la fragilidad de su piel. No pisa fuerte, ni habla fuerte. Siempre ha depositado toda esa fuerza al amar, al confiar, al soñar. Y no sabe si eso ha merecido la pena.
Se despierta con una sonrisa en el alma que intenta cuidar el resto de las horas del día. Camina buscando felicidad en ojos ajenos, para intentar contagiarse así, de alegría que seguramente está demasiado cara en los mercados centrales.
No pone el corazón colgado de ninguna percha de madera a modo de compra, porque aunque alguien lo quiera, no puede ser. Es como ese tipo de productos que están únicamente a modo de expositor. No puede. No puede dar más (ahora). No se siente todo lo tranquila que tendría que sentirse para volver a decir te quiero sin temblar.
No tiene nada de eso, no puede hacer nada de eso, pero supone, o quiere creer, que le queda toda la vida.
Toda la vida para sufrir, pero también, toda una vida para estremecerse. Para reír como aquella niña que le enseñó lo divertido que era comerse cada tarde con la sonrisa más grande y la carcajada más sonora.

Cuestión de pecar sin darme cuenta, o ser como he sido siempre.

Que peca de autoestima baja, le dicen. Que tiene que sonreír más, esta vez.
Que la vida no es tan sencilla ni tan fácil piensa ella. Que por una vez esconde las sonrisas demás para que nadie se las robe y así, a ella no se olvide cómo es eso de sonreir cuando el corazón lo exige. Que se le atranca la voz. Que se le atropellan las miradas en imágenes sinsentido. Que no puede volver a depositar por entero sus latidos y su aliento en cada escena, en cada beso. Que le gustaría apropiarse del resto de positividad que le sobra a la gente que conoce. Que daría la mitad de lo que tiene por confiar en sí misma el doble de lo que, hoy por hoy, confía. Que dejaría de esconderse bajo un cuadro de Van Gogh si le aseguraran que todo marcharía bien a partir de ahora. Que todo sería diferente si hubiera acertado a la hora de querer, de ilusionarse, de caminar. Pero tal vez peque también de mala jugadora en la vida. Pero tampoco se lo repite cada día para no martirizarse. Prefiere arroparse, sentir el viento correr, cerrar los ojos, y pensar que un día, no sabe cómo ni cuándo, todo le parecerá más sencillo, y su corazón se habrá rejuvenecido.