- ¿Crees que nos equivocamos?
- Creo que no fuimos inteligentes y que no supimos cambiar las cosas.
- ¿Y qué harías ahora?
- ¿Ahora?
- Sí, ahora.
- Nada. Creo que no haría nada, y creo que de no hacerlo, tampoco me arrepentiría el resto de mi vida. Tú ya no me querías y yo perdí mi confianza en ti. Sin eso, nada podría haberse arreglado.
- Supongo que llevas razón.
- Y supongo que esta conversación no tiene ningún sentido.
- Tal vez, pero quería despedirme de ti. No quiero que pasen diez años y entonces pueda torturarme porque ni siquiera lo hice.
- ¿El qué?
- Pues despedirme, decirte adiós.
- Hubiera estado mejor que no te despidieras. Yo ya te había olvidado lo suficiente como para no necesitar esto.
- Pero es que yo sí lo necesitaba. Aún así, tampoco estaré en paz el resto de mi vida sabiendo que esto era de verdad, que esta pérdida era de verdad.
- Llegaste tarde para darte cuenta de todo. Demasiado tarde.
domingo, 30 de mayo de 2010
Quizá.
Quiza el no tuviera la culpa de no saber que a ella las tormentas de verano y el café con un solo azucarillo no le gustaban. Quiza desconocía que ella se moria por ser feliz durante una tarde, solamente una tarde. Quiza no estaban hechos el uno para el otro, y eso, ella, tampoco lo sabia.Quiza pecaron de ilusos, de querer comerse un trocito de la peninsula que habian creado (casi a medida) para ambos.Quiza esperaron que el reloj se pararan, pensando que asi ocurriria. Pero se olvidaron de que siempre, el reloj sigue contando las horas. Se pierden, se viven o se matan los segundos de cualquier modo y ella solamente queria acariciarle el pelo una vez más. Quiza el no tuviera la culpa de ignorar que ella sonreia para el resto del mundo y que se perdio su ultima gran sonrisa. En realidad, ella es mas valiente, aunque sabe que si de algo tiene la culpa ahora mismo, es de escribir un quizá.
Etiquetas:
Les histoires de Madmoiselle Soleil.
viernes, 28 de mayo de 2010
Bórrame, y estaremos en paz.
No sé por qué pero ahora confío más en lo desconocido, que en lo conocido (debe ser que tú has hecho mucho para que esto haya sucedido). No sé por qué, pero soy chica de cantautores que cantan con la voz rota y el corazón muy tocado, más que de veinteañeras británicas que arrasan las discotecas de cualquier ciudad. No sé por qué pero tú cambiaste tu manera de vivir la vida, y yo seguí siendo la misma de siempre. Y no creo que eso (mi capacidad para dejar de ser quien he sido siempre) sea malo. De hecho creo que es lo mejor que (no) he hecho en toda mi vida.
He querido con cada uno de mis latidos, he besado con el impulso de cada bombeo que me ha dado un segundo de tiempo, detrás de otro. He esperado como si tuviera todo el tiempo del mundo guardado en los puños de mis manos. He confiado como si mi piel fuera acero y nada pudiera romperla. He cantado como si delante de mí hubieran estado las personas que más he necesitado. He caminado como si mis huellas pudieran dejar alguna pequeña mancha en la memoria de la gente que me ha valido la pena.
Y a ti, a ti ya no te reconozco. Sólo me queda el recuerdo de que tú me sonreías mucho, y de que, al menos conmigo, eras muy buena persona. Tenías magia. Escribías poesías. Tocabas la guitarra y me dedicabas canciones. Quizá lo hacías porque yo te importaba y eso lo bastaba todo. Quizá lo hacías porque tejimos, con sólo 15 años, un gran lazo que lo podía, lo sostenía todo. Pero ahora no pareces ni la mitad de lo que aquel chico era para mí. Han bastado 6 años para decepcionarme como amigo, y lo que es mucho peor, como persona.
Y de verdad que siento no poder mirarte a los ojos, y mucho más, siento no querer hacerlo el resto de mi vida. Pero tampoco debe calarte demasiado cuando anticipé este final hace unas cuantas semanas.
Sólo espero que si alguna vez te sientes solo, si en algún momento te decepciona la vida; no pienses en mí. Habría estado siempre ahí, habría querido estar siempre ahí, pero un amigo es aquel que a pesar de toda la felicidad que le origina el resto del mundo que deja de ser tú, sigue ahí, dedicándote tiempo y ganas de seguir siendo para ti unas manos a las que agarrarse por si caes, o unos brazos que te aportan el calor que has perdido por descuido.
Tú no has sabido ser eso para mí. Tu vida cambia, e inconscientemente, nuestra relación también. Y yo ni estuve, ni estoy, ni estaré preparada para tener que atenerme a tantos cambios entre nosotros cuando tus días son distintos. Yo no nací para vivir en una noria, yo no nací para recibir sorpresas los días pares, yo no nací para quererte. Y darse cuenta de ello escuece, pero he aprendido a ser sin ti. He aprendido a soñarte y no quererte. He aprendido que yo merezco algo mejor. Alguien que pese a todo, me diga lo bonita que estoy cuando lloro, y que no me abandone, sobre todo que no me abandone.
Etiquetas:
A ti ya no te quiero,
Cambios
miércoles, 26 de mayo de 2010
Contraproducente.
Anoche me tomé un café a las ocho de la tarde. Sí, es contraprudecente si lo que pretendo y necesito (ahora más que nunca) es dormir seis horas seguidas, como mínimo. Porque se supone que esa cantidad de horas entran todavía entre las recomendadas por los médicos. ¿no?
Pero no pude dormir.
Hoy se acabó la tinta de la impresora, pero tampoco me importó. No me enfadé con ella, ni siquiera bajé la musica. Preferí inventarme un baile en mitad de la cocina ante sus ojos. E intentamos acumular motivos que nos hagan pensar que la vida es una estúpida broma, y que al final, nos da más de lo que parece. Es difícil, pero hay días, hay miércoles, que todo parece algo más sencillo.Y muy a pesar de que tenga que estar toda la tarde mirando a un ordenador, destrozándome los ojos un poco más, machacándome la espalda o recibiendo consejos que ya no necesito; intentaré volver a casa sonriendo a las nueve de la noche.Porque a las nueve de la noche todavía quedan niños en el parque, porque a las nueve de la noche todavía hay parejas de octogenarios recorriendo calles de la mano, porque a las nueve de la noche entro por la puerta y me siento descansada. Y aunque yo quería hablar de que a veces ignoro que el café es contraproducente para mí, también es contraproducente (sólo a veces): enamorarse, confiar, soñar algo más de la cuenta y esperar algo que sabes perfectamente que no va a llegar. Ilusionarte hasta las trancas, y querer hasta con la piel que recubre tus uñas que has vuelto a morderte porque la vida va demasiado rápida y a ti han vuelto a poderte los nervios.
Anoche me tomé un café a las ocho de la tarde. Y no pude dormir.
lunes, 24 de mayo de 2010
Superas los límites.
Que iba a dejar de quererte era una idea fea, pero al fin y al cabo, en vistas de cumplirse. Y así fue, y así ha sido. Y no se ha acabado el mundo, y tú eres feliz, y yo lo intento (aunque sigo pensando que sin ti en mi vida es y será más fácil conseguirlo).
Que iba a tener unas ganas irremediables de odiarte, además de feo, era insano. Pero se ve que no me lo estás poniendo nada fácil. Que prefieres ir disfrazado de ignorante a pesar de hacer daño a quien más te quiso, a pesar de tocar lo que más quiero, a pesar de ser realmente indeseable ante mis ojos.
Has caído más bajo de lo que pensaba. Actúas de una manera que me recuerda a personas que eché de mi vida por las mismas razones por las que tú ahora ya no estás en ninguno de los capítulos que escribo sobre mi futuro. Me has vuelto a dar motivos para pensar que hace dos meses tomé otra de las decisiones más acertadas de este último tiempo.
Y como bien sabes, esa pequeña parte de bruja que nunca me abandonó, me llevó a separarme de ti, a imaginar que me fallarías, que lo mejor sería desprenderme de ti antes de que fuera demasiado tarde como para volver a recuperar mi esencia, el origen de mi felicidad, mis sueños más minúsculos pero más valiosos a la vez.
Acerté.
Pensé mal, y acerté. Como muchas otras tantas veces después de que tú me fallaras a lo grande por primera vez.
Tus errores han provocado mis aciertos. Y puede sonar a paradoja, pero te juro que no. Que nunca tantos detalles de este tipo me habían abierto tanto los ojos.
Y sí, debe ser que a la única persona a la que te resulta fácil hacerle daño soy yo, pero ya no me importa. Llegará el día en que todo esto no tenga sentido, en que me ría a carcajadas en la arena sobre lo tonto que has sido y sobre cuánto la has cagado últimamente. Hasta perderme del todo. Cosa que no te importa, yo, que no te importo.
Pero una vez perdida la confiana, y acto seguido, la delicadeza; no puedo mentirte y decirte que aún me quedan palabras suaves en mi diccionario para ti. Porque no. Porque te lo llevaste todo, y al mismo tiempo, no te llevaste nada.
lunes, 17 de mayo de 2010
La peor manera de decirse adiós.
A decir verdad, nunca pensé que el final, nuestro final, llegara a ser tan seco, tan soso, tan insípido... A decir verdad, esperaba palabras del tipo: "Pues ¿sabes una cosa? Me va a dar mucha pena que esto acabe del todo, para siempre...¿me entiendes? Me produce mucha lástima que tú y yo no podamos volver a mirarnos a la cara, a decirnos con sonrisas lo que con palabras ya no pueden decirse dos amigos, a intentar redescubrirte de nuevo, con otra piel y un corazón distinto."
Quizá esperaba palabras de ese tipo en tu boca porque yo una vez quise hacer poesía. O porque lo nuestro me pareció más importante de lo que tú creías, o porque a veces resumir tantos años de amistad y amor en "Vale, lo respeto, te respeto. Adiós", me parece algo anormal, o ilógico, o simple. Demasiado simple. Pero a estas alturas de nada me valdría decirte que fue una despedida de las que nadie querría vivir, ni presenciar, ni recordar.
Podríamos haber tenido otro estilo, otras sílabas que transmitirnos. Pero no era el momento, ya había demasiado daño, o rencor, o decepción...no sé Dímelo tú. Todo te daba igual, antes de enero y después, entonces tampoco podía pedirte nada. Ni ahora podría pedirte que dieras una sola vuelta a tu cabeza y decidieras por una sola vez qué es lo que crees que sería más correcto decirme, por última vez.
Lo penoso (o no) de todo esto es que se acabaron los minutos para nosotros, se rompieron los relojes, se gastaron los calendarios y el sol decidió salir para tí, y para mí, pero no para ambos. Ni siquiera en esta ciudad que aún compartimos.
A decir verdad, despedirse de una manera tan fría solamente puede ser sinónimo de que nada resultó ser tan bonito como parecía. ¿no?
Ni tú eres el chico pasional que un día creí conocer, ni yo soy la chica dura que he querido aparentar todo este año. Y me duele, hasta cierto punto, que te faltara poesía y sobrara dulzura. Pero eso ya no me va a afectar más. Por eso miro la parte positiva de la pila, y me quedo con mis versos, con mis lágrimas, con mis sonrisas. Porque creo que si de rasgar la piel de mi corazón se trata, prefiero ser yo misma, mi cabezonería o mi ignorancia sobre el amor, lo que se encargue de romperlo. De estrujarlo o reestablecerlo de nuevo.
Pero no tú. Ya no.
domingo, 16 de mayo de 2010
Lo que me cura.
Después de tres días con un gran dolor de oídos y garganta, sólo podía pedirme a mí misma sonreír. Un poco. Para parecer un ser menos triste en la ciudad. Porque también me tocaba, supongo. Porque no es bueno dejar porciones de pena allá a donde vas. Porque yo era alguien muy alegre, y quiero que esa parte de mí vuelva. Lo necesito, y además, creo que también lo necesitan ciertas personas que me rodean.
Porque este sábado volvió a decirme que no estaba bien, porque la gente se acostumbra a que sonría varias veces por minuto, porque me dijo que alzara la cabeza, y que buscara razones por las que sonreír, puesto que razones para llorar siempre tenemos. Y lo sabe, y lo sé.
Pero es difícil llevar a la práctica consejos así. Es difícil, pero no imposible.
La cosa cambió. Puede que fuera el sol, o los dulces del café, o el paseo en bicicleta, o el paseo por las calles del pueblo, o la tarde en la playa, dejándome inundar por el azul del Mediterráneo. Sí, creo que a parte de los antibióticos, estas cosas son las que me están curando.
Esperemos que la semana no estropee lo poquito que he conseguido. Y espero, que Laura, la de las carcajadas limpias y delicadas, no tarde en regresar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)