jueves 17 de diciembre de 2009

Con derecho a no poder soltarme nunca

Anoche me quedé leyendo cartas que hacía tiempo que no veían la luz ni respiraban el mismo aire que respiramos tú y yo entre estas paredes que hasta parecían nuestras, de los dos. Anoche leía cada frase y no me parecía tan lejano, o quizá sí. Tal vez quería creerme que tú sigues teniendo algo de aquel chico que era la mitad de mi vida, o que yo siempre estaré clavada en alguna parte de tu cuerpo, con derecho a no poder soltarme nunca. Igual sólo pensé en quedarme fija en una milésima parte de tu retina, para que tu cerebro me dibuje perfectamente y así, no darte a ti, entonces, el derecho para borrarme/olvidarme y hacerme marchar.
Anoche escribí palabras para ti, o quizá para los dos, o tal vez sólo por mí. Esta mañana quise buscarlas, y no sé dónde están. Puede que las dejara en algún rincón de la habitación. Mis ojos ya estaban medio cerrados y la luz estaba apagada. La luz de la luna no iluminaba apenas el interior de mi cuarto y creo que si las he perdido, he perdido parte de las verdades que quería dejarte a modo de escaparate navideño.
De todas formas, voy a seguir teniendo palabras para ti.
No sé por qué me formé la estúpida idea de que por mucho daño que se puedan hacer dos personas, cuando ha sido el primero, cuando ha estado en tu vida al pie del cañón durante tantos años (y el punto de partida comenzó antes de aquel octubre para mí), es más que imposible borrarle para siempre, y al final, acabas necesitando algo de él. Lo que sea, un recuerdo, unas palabras, una hoja algo amarilla o una fotografía, un segundo o un instante que parezca fijo, eterno, y memorable para los dos. Pero ya nunca lo sabré.
Nunca sabré qué ocurre dentro de tu ser cuando nos ves a los dos, bien felices, en esas fotografías modernas, llenas de color, con nuestras ropas vaqueras y nuestras sonrisas a juego. Combinábamos bien.
Todo el mundo lo sabía ý tú y yo nos sentíamos perfectamente con lo que teníamos, con lo que nos dábamos, con todo el amor que fuimos capaces de hacer nacer.
Y creo que gracias a ti nació otra Laura. Una Laura que dejó de escribir sobre tristeza en las poesías para escribir sobre el amor, la ilusión, la esperanza y el futuro.
Porque tú eras mi presente, y también mi futuro.
Porque hubo un tiempo, bastante amplio, he de decirlo; que creí que serías mi futuro durante gran parte del resto de mis días. Y a pesar de las edades, de la inocencia y la juventud temblando ante noches llenas de besos y viento, yo te quería con todo. Con absolutamente todo.
Y tú también.
Asumíamos nuestros errores. Tú los tuyos y los míos. Yo, igual. Y no hay mejor manera de amarse que ésa. La de comprender sin necesidad de forzar un entendimiento a base de palabras que acaban gastándose de lo mucho que se respiten. Que acaban despojándose del significado puro.
Y es que tú y yo significábamos mucho.
Eso decía mi corazón y los ojos de la gente que nos contempló amándonos.
Lo sé, lo supe. Y (creo), lo sabré siempre.

viernes 11 de diciembre de 2009

La última oportunidad

Si quieres te doy todo el tiempo del mundo, todo el tiempo del mundo para olvidarme (más y del todo).

Es eso lo que siento a veces, que quieres tiempo para separarte de mí, o para agarrarme y soltarme por momentos. Pero yo nunca funcioné así. De siempre he sido emocionalmente dependiente de las personas que depositaban cariño sincero, gratuito, especial en los rincones de mi corazón.

Es lo que siento cuando te miro y veo que antes me ahogaba con tanto amor en tus pupilas y ahora ya no hay nada que decirse, o casi nada. Y siento que eso solamente me apena a mí.

No sé, no encuentro sentido a estas palabras, no ahora que despues de un año de soledad, incompresion y distancia... volvemos a intentarlo. A ser amigos. A ser quiénes éramos. O algo parecido.

Puede que no lo sepas pero ésta va a ser una de las cosas que más me cueste conseguir, porque sé que nos hemos ido volviendo incompatibles. Que así lo hemos forzado. Que tus sonrisas ya no encuadran en las mías ni mis manos encajarían con las tuyas, en las tuyas. Puede que nos hayamos distanciado tanto tanto...que cuando volvemos a tenernos cerca, todo sea demasiado extraño como para que tú logres entenderme, o mucho peor, quieras molestarte en entenderme.

Y sé que estas palabras volverán, intuyo que vendrá algo, alguien, o tus pensamientos o los míos y lo estropearán todo y entonces tendremos todo el tiempo del mundo para tratar de olvidarnos de la manera más compleja. Porque es así como son los olvidos: difíciles, complejos. Y a mí me desquician.

A pesar de todo lo ocurrido hasta día de hoy, siempre me costó no pensar en ti, no trazar tu nombre con las letras de mi mente y no pensar que quizá estabas siendo mucho más feliz que cuando compartiste tu vida conmigo.

Puede que junto a esos pensamientos, vengan otros inútiles a aliarse conjuntamente y esta última oportunidad entre nosotros, pierda todo su valor, y nosotros, nos perdamos para siempre. Pero, dime una cosa, dime que ocurra lo que ocurra, que terminen como terminen las cosas, habremos puesto toda de nuestra parte para que salga bien, para que nos mantengamos fieles y pacientes hasta el final. Dime que intentaremos soportarnos y volver a cargar de cariño parte de nuestra piel y nuestros brazos. Dime que serás sincero, que tendrás tiempo, que serás objetivo y que a pesar de que acabemos separándonos para siempre por no haberlo conseguido; seguiré teniendo un pequeño puesto alquilado en el agujero más recóndito de tu memoria, y que en él, no me guardarás rencor. Y que sabrás portarte bien con mi recuerdo. Que no lo despreciarás, que estará(é) ahí.

Porque si alguna vez termino por desaparecer, de aquí/para tí; espero que cualquier recuerdo de años atrás sirva como mi presencia infinita, y así, todo estará en calma. Y no habrá más dolor, ni más sueños rotos, ni más manos vacías.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Préterito perfecto simple

Nunca me gustó el pretérito perfecto simple. Y prefiero "eres especial para mí" o incluso "serás siempre especial para mí", a "has sido muy especial para mí". Como comprenderás, y como amante de las palabras, analizo qué significa para ti y para mi algo como eso. Intento explicarme hasta qué día signifiqué algo para ti, en qué momento dejaste de quererme y por qué no has vuelto a proponerte verme como algo más. Probablemente todo esto no tenga sentido y simplemente haya llegado el momento de apenarme que todo lo que teníamos lo destruimos, lo tiramos a cualquier río y se fue escapando, muy rápidamente. Y de la manera más fría, que es como suele ser el agua de los ríos. Fría, casi helada. Tú lo sabes bien
Y asi nos helamos. No hicieron falta inviernos. Si te das cuenta, han sido los veranos y los otoños las estaciones que nos han ido separando más y más. Nos han distanciado... y en realidad, tú y yo pusimos mucha de nuestra parte para conseguirlo. Quizá fuera la mejor estrategia de todas, aquella de no vernos, no hablarnos y no tenernos, para no hacernos mucho más daño. Quizá fuera la mejor solución y no supimos verlo, y aprendí a vivir con ello (sin ti), y costó, pero lo logré. Y tú también lo has hecho. Tal vez esperé que no fuera así, que siempre me verías como la chica de la que te enamoraste a los dieciseis años, que mis letras o mis labios te harían siempre desearme, pero esas cosas no ocurren. Los amores reales, por mucho que calen, cuando ya no están, cuando ya no producen chispas, no van más allá. No pueden influirte. O al menos eso te ha sucedido a ti conmigo.
Me ves, me abrazas, me tocas, me arropas, me aportas calor, me besas, me oyes hablar en voz baja... pero no me intuyes llorar ni me escuchas sollozar porque ya trato de disimular el ruido, y hacer como que tirito de frío, que también.
Pero me has descolocado. Pensé: "Si me trae el batido de chocolate a la cama, significa que soy algo para él" (ya ves en qué tonterías nos basamos las mujeres), pero al final no significó nada. Te callé la boca con las manos, con mis pequeños,finos y rápidos dedos, te la callé también con mi boca, con mi lengua, con mi saliba, con el hambre de las siete de la mañana, pero nada sirvió. Igual que de nada sirven estas palabras (ni servirán). Puede que me desetienda de ellas dentro de veinte días, cuando todo lo vea de manera distinta. Quizá solamente quería que supieras que algo de mí me ha incitado a quererte, a querer conseguirte de otro modo, a que tú lo vieras de manera distinta, también. A que intentaras recuperar la parte de mí que te quiso con toda su alma. Pero estas cosas tampoco ocurren en la vida real, y si ocurre, no aquí y ahora, no con nosotros. Sino en otros lugares bastante lejos, en otras capitales, con otros individuos, con otros corazones. El tuyo y el mío quedaron demasiado tocados como para que vuelvan a hablarse, a confesarse secretos, a escucharse.

Porque sé que aunque tú estás ahí, no estás preparado para escucharme, ni para secarme las lágrimas que seguramente caerían si estuviera delante tuya y te contara lo que ha ido sucediéndome durante este último año. Porque sé que no eres el mismo chico que ocupó mi vida durante tantos años. Porque no puedo contemplarte como el chico rubio de mi vida si tú y yo ya no somos los de antes, y hasta tú ahora lo ves difícil.

He perdido cualquier arma de fuerza, cualquier sueño mantenido, cualquier deseo escondido pero latente.

He perdido las ganas de que luchemos contra lo (im)posible. Se han acabado las oportunidades, eso es lo mejor. Y puede que me lo agradezcas.

Fue bonito encontrarnos, tenernos, amarnos, en definitiva.

El primer paso o la equivocación más clara

Hace tiempo me propuse que jamás hablaría de ti, o de mí contigo, o de nosotros en este blog. Me prometí que nuestra historia había acabado por y para siempre. Que no te merecías más palabras, más recuerdos, y que yo tampoco me merecía recordar algo que fue, y quizá, no volverá a ser más. Pero las cosas o los pensamientos cambian, y sé que seguirá siendo así, y puede ser que dentro de un tiempo tenga la imperiosa necesidad de borrar todo esto sin que ni siquiera tus ojos lo vean ni tu boca lo llegue a leer. Pero necesito escribirte. No me ha costado retener mis palabras porque sé que tú tampoco tienes demasiadas palabras para mí, que, como te he dicho, estoy muy por detrás de la gente que ahora forma parte de tu vida. Porque los dos nos alejamos, porque te noto distinto, porque pensé que estabas más cerca, quizá podamos recuperarnos, no como antes, pues es difícil. Y llevas razón. Pero a veces cambio, siento, y prefiero llevarme bien con la mayor parte del mundo, enterrar cualquier signo de dolor que pueda sumergirse en algún mar sin nombre, e intentar salir afuera a respirar, para poder verte como siempre quise verte. Para reconocerte, identificarte, y aún así sé que hasta esto será difícil porque tú no eres el mismo, y en su día desée que no cambiaras nunca.
No sé, ahora, resumir en palabras lo que eres, o lo que fuiste, o lo que podrás llegar a ser cuando pase el tiempo. También sé que reharás tu vida cientoveinte veces más, y yo ya no estaré ahí. Que no tendré ningún puesto de honor en tus días, y eso no es lo que más me duele. Lo que me duele es el tiempo perdido, las palabras que faltaron, y las que sobraron. Tantas magulladoras que pasaron desapercibidas ante tus ojos, en mi piel. Tanto lamento y tanta soledad no compartida. No sé, ahora, si lo más correcto es incluirte en este blog, pero también en este blog hay escritos sobre personas que no se merecen mis palabras y personas que me hicieron mucho daño. Al fin y al cabo, creo que sólo puedo hablar de las personas que me influyeron. Y tú lo has hecho hasta este momento.
Esperaremos a ver qué ocurre a partir de ahora. Si somos fuertes, si me hablas, si te escucho. Si podemos conseguir algo, lo que sea. Pero los dos, ambos, y no por separado. No tú y yo.

martes 8 de diciembre de 2009

Maneras y maneras (de hacer las cosas)


Hay maneras y maneras de sentirse libre, de sentir que puedes escapar y dejar aparcada la mente en casa durante unos días, hasta volver y recuperarla, poco a poco, eso sí. Hay maneras y maneras de ponerse nervioso, dentro de un coche, dentro de una cama... Hay maneras y maneras de preparar cubatas y maneras y maneras de pedir cafés en pueblos perdidos de la mano de Dios y en capitales a las que, eso sí, les falta un baño en la estación. Hay maneras y maneras de asustarse y maneras y maneras de reirse ante la vida, de la vida, con la vida. Hay maneras y maneras de bailar, cantar y bajar y subir con canciones a media pastilla. Hay maneras y maneras de sentirse bien y mal, en la cama, con el frio, con la soledad, con el tiritar de los dientes y los pies, y, ya de paso, los brazos y las piernas. Hay maneras y maneras de mirarse a la cara y sentir que hay cosas que sobran, pero otras tantas muchas que faltan, y que no llegan porque o no tienen que llegar, o porque se intenta vivir de manera que, ahora, el dolor se deposite en cuerpos ajenos, y no en el propio.


Hay maneras y maneras de dejarse perder de la mano de alguien que te quiere en cada palabra de una postal moderna de una fundacion de arte abstracto. Hay maneras y maneras de contemplar una obra de arte y de perderse en sus escalres. Hay maneras y maneras de darse cuenta que lo bonito, es el momento, y no lo que se está haciendo. Hay maneras y maneras de despedirse, y maneras y maneras de fotografiarse, y crear recuerdos.

Hay maneras y maneras de volver a casa. Yo prefiero volver con los ojos cerrados, pensando con qué imagen me quedo, con qué palabra, y con qué segundo.


Gracias por estar ahí, por tus escuchas, por las risas compartidas a primera hora de la mañana y por todo, absolutamente todo.



miércoles 2 de diciembre de 2009

Yo sólo quise sentir eso

Ya basta de derramar lagrimas estupidas por ti, ya basta de pensar que quiza te acuerdes de mi al llegar navidad. Ya basta de esperar, de pensar estupideces, de perder el tiempo en definitiva.
Basta de creer que en su día te importé o que (me) sonreíste de verdad el 1 de noviembre (cumpleaños de tu hermano, por cierto), el 19 de diciembre o el 14 de marzo. Porque no, porque he dejado de creer en aquella alegria aparente que emanaba de tus labios.

Atrás han quedado las risas, los pequeños paseos compartidos y las canciones de fondo en tu coche negro.

Y como ultimo recuerdo tuyo, sólo tengo un mensaje: “Que aunque ahora estemos distanciados sabes que eres muy importante para mi”.

Pues bien, yo solo puedo llorar si leo ese mensaje, ¿por qué? Te preguntaras, “se lo toma todo a la tremenda” (pensaras). Pero no, lloro porque al leer eso me parece que tú mismo decidiste esa distancia, cuando no fue asi, aunque bien es cierto que pusiste mucho de tu parte (directa e indirectamente), para incitarme a querer olvidarnos, separarnos del todo, distanciarnos para siempre.

Y la verdad, con esas palabras, me hiciste pensar que te daba igual (aunque siempre ha sido asi aunque lo niegues) que estuviéramos de ese modo. Tú te cansaste de mí (o mejor dicho, de mi sensibilidad y de mi propia voluntad de querer y arreglar las cosas). Y yo me equivoqué contigo, por entero, incluyendo por supuesto tu manera de tratarme, tu manera de actuar y de responder, tu manera de sobrevivir a mi ausencia, a la falta de la amistad que creia que para ti era “esencial”.

Además, te equivocaste. Yo no sé (ni he sabido nunca) si he llegado a ser importante para ti (que ya ni especial, como solias decir). No, nunca lo he sabido no porque no me lo dijeras, sino porque nunca me lo demostraste, y eso es algo que si no se demuestra no puede sentirse. Y yo solo quise sentir eso. Nada más. Y no, no lo he sentido jamás como tal.

Sólo he sentido que te ha gustado verme a ratitos, y en “tus momentos”. Leerme en tus días tristes o raros, y encontrar comprensión en mis palabras y llamadas. Tambien supiste a la perfeccion pasar por alto todo lo demás. Pero yo no soy solo palabras, entendimiento humano y una sonrisa bonita. Yo tengo corazon, y lo uso constantemente, y lo pongo al descubierto, lo expongo a los escaparates de todas las miradas, y mira lo que has hecho tú con él.
Rociarlo a un rescoldo de mentiras o de verdades muy malas.

Y no te escribo esto para que lo leas, pues no se que hare con estas palabras cuando pasen los años sin nosotros, la verdad. Quiza lo escriba para pensar que algun dia, tal vez, recuerdes como me llamaba, como eran mis manos, y te pese algo en la conciencia.
PD) Y el problema, el problema no es que tu recuerdo no me deje vivir con entera normalidad, el problema es que sigues apareciendo en mis sueños, desentonando con tu alegría, sin ser capaz (ni siquiera en sueños), de contentarme/apreciarme/sorprenderme, ni quererme sólo un poco.

lunes 30 de noviembre de 2009

Jornada de corazones abiertos

Deja que nos enseñemos la vida. Permite que nos midamos la anchura de las sonrisas a destiempo. Tararéame tu canción francesa favorita y yo me reiré en silencio, esconderé las arrugas de mis pómulos entre el doblaje de las cortinas de mi mundo. Deja que me aprenda de memoria la manera en que se puede llegar hasta ti. Háblame de lo que más miedo te da, secuéstrame un par de pensamientos al día y rompe los lazos distantes. Crea unos nuevos, cóselos con tu ternura y mírame a los ojos. Dime que te gustan (aunque sea mentira), y júrame que no olvidarás cosas tan simples como el roce de la mano de una chica de veinte años sobre la barba de uno de veinticuatro. Escribe un manuscrito de verdades, reflexiones y sueños que sepan a verdad, que sean (i)lógicos, y descúbremelos. Cuéntamelos poco a poco, para que duren más. Haz que te eche de menos en los meses pares, y que te sueñe en los impares. Niégame la lectura de estas palabras después de escribirlas para no agrandar cosas que no tienen nombre. Perdona la intromisión en tus ojos, intentando deleitar tus sentidos.
Te invitaría a una taza de chocolate caliente en días de frío, y te contaría cuando me sentí la chica más triste/desafortunada/abandonada de la ciudad.
Y, cómo no, también te hablaría de las felicidades. Las más grandes. Las que lo eclipsan todo y nos dejan desnudo el corazón y la garganta. Y después, después miraría hacia arriba, como en la fotografía, para alcanzar tus pupilas y decirte: "Hasta la próxima taza compartida. Ha sido un placer", y un par de besos (o uno) sería el punto final de la frase.