jueves, 31 de diciembre de 2009

En alguna otra vida

Y no se, yo no se cuando te volvere a ver, pero cuando lo haga, no vas a poder escapar de mi abrazo, y entonces te daras cuenta que siempre te has comportado como un tonto conmigo, y que en alguna otra vida me vas a querer mucho y no me sacaras de quicio y nos llevaremos bien.

A base de susurros

Y a ti no te importará haberme perdido. No porque tu corazón ya está ocupado. No porque en realidad nunca te importé lo suficiente como para volver con tu voz tranquila y tu risa entrecortada. No porque en realidad fue un alivio que yo me despidiera, que me marchara y te dejara tranquilo, con tu vida, con todas tus cosas importantes. En definitiva.
Y creo que a mi me dejará de importar, pero de momento, no por ahora. No me lamento tanto como antes porque de nada me sirve, y lo sé. Y he perdido demasiado tiempo en mi vida haciendo cosas de las que después, supe que no habían valido tanto la pena. Y quererte no vale la pena, y por múltiples razones, pero la más triste es que no sentiste dolor cuando desaparecí. Y muy posiblemente yo ya esté en el saco de las cosas olvidadas de tu vida. Y no me guardarás rencor por haber impuesto distancia eterna, pero tampoco me guardarás añoranza.
Y puede que nunca sepas que he dedicado uno de los veranos más tristes y raros de mi vida en escribir sobre tu vida en la mía, sobre tus ojos y sobre mis sueños contigo. Puede que nunca sepas (y espero que asi sea), que partes de tu cuerpo reclamaran parte de mi vida a base de susurros. Pero estaras lo suficientemente ocupado y sordo como para no escucharlo.
Y hoy se acaba el año, y ya nos hemos perdido. Esperemos que me dejes vivir el año que viene, y no haya más alegrías, pero tampoco más dolor ni decepción.

Que te vaya bonita la vida, incluido el 2010.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Pause

Porque como ayer hablamos uno de mis pequeños grandes tesoros y yo, sabemos perfectamente cuando una relacion ha acabado del todo, o no. Y sigo sintiendo, como ella, que entre tú y yo nada se acabó, no del todo. Y me da miedo escribirlo, pero más miedo me da imaginar que tú piensas que sí, y que ya no queda nada.
Y que, tanto ella como yo, queremos un presente, un presente con las personas que mejor nos han tratado. Y en este caso, para mí, tú. Y lo sabes, y lo sé. Y me da rabia, pero es así.
Y que esto no es una canción más, que no podemos darle el pause, y decir "Nos volveremos a ver", "Nos volveremos a encontrar" ("¿Nos volveremos a besar?"). Porque ni tú estás en disposición de darle al play, y yo no puedo seguir mandándote mensajes como cuando tenía dieciseis años, e ilusionarme con una de tus caricias, y confundirlas, como dice el cantautor, "por camelo si me miras".
Porque algo de mí siempre me ha dicho que algo de ti siempre estaría queriendome como aprendiste a quererme en el instituto. Pero para ti ya no queda nada. El instituto se esfumó, hasta los años de universidad. Y parece que fue ayer cuando en aquel gimnasio corrías hacia mí, y me invitaste a entrar en tu mundo.
Y lamentablemente, es hoy.

lunes, 28 de diciembre de 2009

preferiste dejarme dormir; y yo sólo quería darte un beso.

¿Y tú qué crees que nos faltó?

Nos faltó hacer el viaje a París del que tanto hablamos.
Nos faltaron fotos y besos en un fotomatón.
Nos faltaron momentos; y a pesar de todo, volvería a quererte hasta dolerme.

Memorizala

Caliéntame todas las partes de mi cuerpo con tus palmas.

Lléname de amor cada segundo.

Decora cada esquina de mis músculos.

Con tus besos, con tu voz pausada.

Dedícame tu tiempo y tu mirada.

Leeme la frase de tu vida.

Quédate conmigo una sola hora.

Déjate querer. Déjate llevar.

Y soñemos con que volví, a pesar de hacerlo tarde.

Haz con mi cariño lo que quieras:

guárdalo,

sálvalo,

tíralo,

recíclalo,

rocíalo,

déjalo morir.



Creemos nuevos recuerdos por los que vivir.

Y seguir viviendo.

Construye una sonrisa para mí

y yo la perseguiré cada tarde.

Y por último,

memorízate mi risa para cuando no esté

recordarme como la chica más alegre de tu vida.

Falta de entendimiento

Hasta tú lo sabes. Has cambiado y yo te sigo queriendo igual. Pero no lo entiendes y no te parece algo lógico o normal. Tampoco a mí me lo parece, pero te quiero. Y me siento estúpida al hacer cosas como cuando era adolescente. Te envío mensajes con palabras que no deben cuadrar en tu diccionario, en el de las palabras bonitas que ya no usas tanto, con tanta frecuencia, o al menos conmigo. Porque lo sé. Me quieres, a tu modo, eso sí, y también, además, te costará demostrar(me)lo. Pero yo tampoco puedo presionarte, ni ponerte pilas a la espalda para que lo hagas. Además, si asi fuera, muy probablemente confundiria ese cariño con el amor que hace tiempo que no sentia por alguien. Entonces, mejor que las cosas se queden como están.

Poco a poco tus caricias en mi nuca ya no me transmitirán tanto, y dejaré de traducir equívocamente esas miradas y el cruce de nuestras manos en noches de lluvia. Y entonces no hará falta hacerme la dormida, ni volver la cara para mirar hacia mi ventanilla. Entonces no me sentiré más si sólo me das dos besos al dejarme en mi portal, y no se me hará un nudo en la garganta mientras intento abrir la puerta. Entonces no me sentiré igual, y puede que entonces llore, y recuerde la noche en que se me acabaron las lágrimas.

Te invito a que me sigas queriendo, a tu manera y a tu velocidad. Yo prometo estar aquí, como aquella que siempre fui. Con mis debilidades, con mi pesimismo, pero al fin y al cabo, con el corazón grande, para que entres y te quedes, si quieres.

La mitad de lo que tengo

Daría la mitad de lo que tengo porque tú te hubieras enamorado de mí otra vez. Pero también sé que daría la otra mitad de lo que tengo porque yo no te quisiera como te quiero. Y te sientes mal por mí. Por mis sentimientos. Por éstos que han nacido sin más pretensión que la de tenerte más cerca. Y yo creo que al final, lo que más me duele, no es quererte de este modo, sino que lo único que hayas sabido decirme es: "Lo siento, me sabe mal, me jode que estés asi..."
Quizá esperaba: "Me hace sentir bien" "Me gusta que me quieras", "Eres buena y bonita..." No sé, mil cosas. Ya sabes. De imaginación a veces no ando escasa, y así me pasa.
Pero, también te digo, lo soportaré. He soportado cosas y sentimientos peores. Sólo hace falta cambiar de perspectiva. Recordar, tal vez, momentos peores, e instantes en los que no supimos comprendernos para concienciarme que no encajamos. Que no podríamos hacerlo. Pero puede que tú también tuvieras razón...y me duele saber que sí, que podríamos ser tan felices.

Tanto.

Tanto.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Un corazón nuevo



Porque no sé si en algún momento llegamos a partirnos el corazón (del todo). No sé si de él hicimos añicos, o si, por el contrario, supimos cuidarlo, conservarlo, mimarlo.
Porque no sé muchas cosas, pero si sé, que ninguna otra te ha llegado a querer como te he querido yo. Sé que nadie más te ha mirado como yo te he mirado, ni te ha besado depositando deseo y ganas en tu pelo. Y si no lo sabes, aqui estoy para decirtelo, y para formar un corazón nuevo (si quieres).
Porque también, y si quieres, te dejaré una de mis pestañas en la yema de tu dedo corazón, y mi última caricia en tus hombros y en tu espalda. Y después vendrás tú, a contemplar mis pechos de reojo, comiéndote con los ojos el principio de mi escote, diciéndome que en él te perderías. Y yo te perdería aún más. Y te dibujaría una isla en el centro de mi tripa, reservándote el mejor asiento (en mi ombligo) para poder divisar mi sonrisa desde abajo, y el ir y venir de los dedos de mis pies, bailando al son de cosquillas que también te producirían mis dedos en tus costillas.
Y que de una de ellas me colgaría, y volvería a gritarte y a susurrarte, que te quiero. Pero que hemos llegado tarde.
Tú por precoz, yo por impuntual.
Y que el tiempo de encajar se pasó.

Y, que, para despedirnos, te dejo en tus manos un papel lleno de palabras que ahora no te dicen nada, y hasta eso me duele.
Porque me veo como aquella niña que empezó a enamorarte a base de cartas y palabras ciertas. Y me olvido que ya no soy esa niña, y que ese a quien yo quise tampoco está. Que ya no sonríes si te digo que te quiero o ya no se revuelven tus tripas si me doy la vuelta y te miro con una sonrisa en mis pupilas. Porque ya no te pierdes en ellas o no quieres perderte.
Porque voy a prometerte una cosa: intentaré no quererte más de lo que te quise, y cuando me aprenda la lección, conseguiré reducir este cariño.
Para estas a la altura de las circunstancias, y para no sufrir, sobre todo.
Siento haber estado de vuelta con este amor para darte. Lo siento.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Enfriamiento

Y yo que pensaba que con uno de mis besos, (de nuevo y después de tanto tiempo), podrías volverte loco otra vez.
Y yo que pensaba que extrañarías mis dedos en tu cuello y mis ojos en tus ojos.
Y yo que pensaba que te pondrías rojo y que dentro de ese corazón (el tuyo) algo se movería, se inquietaría, y todo comenzaría a latir más deprisa.
Y yo que pensaba que todo podía ser diferente y que algo de ti me llegaría a querer mucho, mucho, mucho. Otra vez.
Pero a veces no hay más salidas que la de borrarse sonrisas a sí misma, tensar la mirada, volverla fría, (y volver frío, de paso, el corazón), y ausentarse.
Porque te digo que uno de mis propósitos para el nuevo año será ser más fría, y a ti no te parece algo anormal. Y no me pides que sea distinta, que no pierda el calor ni el cariño hacia la vida. Y me despides en tu coche, dejandome con el sueño en los ojos y con las lagrimas en el fondo del vaso.
Porque al final, ya no me quedan lágrimas. Se las llevó el tiempo, y la tela suave de mi almohada.
Porque me encantaría sonreirte y decirte: "Somos aquellos, y vamos a ser más felices que nunca".

Pero tú no eres el mismo, y a mí me falta cambiar.

¿Amigos?

Quedamos en ser amigos, nos falta el papel, el contrato y las firmas, pero está claro: vamos y queremos ser amigos. Pero siempre hay ciertas cláusulas que uno, o incluso las dos partes contratantes, no cumplen. Yo admito que me gustas, que hay algo dentro de mí que tira hacia tu espalda, para poder conseguirte, de algún modo.

Después, tú. Tu actitud, tus miradas, tu mano en mis muslos y en mi ingle, tus dedos dejando caer cosquillas sobre mi cuello y mi nuca. ¿Como quieres que asi mis sentimientos se esfumen para siempre? ¿Como quieres que no sienta?

Luego, tú. Más tú. Más de ti. Quieres de mí pero solo por momentos, porque tambien hay algo de mi que te tira a darme un beso, pero sin sentimientos detrás, sin cariño del que deja huella y tiene un significado importante. Y no tengo mas opcion que resignarme, o ponerme esposas en las dos de mis muñecas para no tocarte, o dos parches en los ojos para no mirarte, o nudos en mis dedos para no escribirte.

Dime qué quieres que haga para poder no quererte, y lo haré. Por los dos.

Después, procederé a entenderte, y quizá, podamos, en ese preciso instante, mirarnos de la manera más inocente posible, sin tensiones sexuales, sin pensamientos que rozan y traspasan el límite de la amistad; y, por último, querernos de la manera más explícita y amistosa posible.

Pero también sé, y comparto contigo esa idea de que tenemos "eso" que no hemos tenido jamás con nadie. Y me dices guapa pero también sé que si lo hubieras dicho un tiempo atrás, tu sonrisa hubiera sido más grande, y no me hubieras mirado únicamente con deseo, sino con deseo y gramos de amor condensados en todo el tiempo que sí pasamos juntos.

Es cuestión de esperar, pero, mientras tanto, soy capaz de morirme con tal de saber si seremos capaces de conseguirlo.

Grados de alcohol

Dicen que los borrachos y los niños suelen decir la verdad, pero ojala aquellas copas te hubieran provocado decir verdades en lugar de mentiras que no sonaban a mentiras."Podrias enamorarte otra vez de mi" te dije, "lo sé" me contestaste. "Claro que lo sé, ¿crees que no lo sé" proseguiste."Sino, ¿por que despues de estar contigo no he vuelto a sentir lo mismo con ninguna otra?"y al final, ¿para que? para que tantas palabras bonitas si todo se reduce a lo mismo: grados de alcohol que solo llevan a reproducir palabras que quedan bien, ablandan el corazon del otro y pueden acarrear lagrimas ajenas, para, despues, reconfortarte en tu propia paz.
Porque ni siquiera lograste recordar lo que me dijiste pocos minutos más tarde, y yo se que esas fueron las palabras que me hicieron mirarte un poco mas, desearte un poco mas, creerte un poco mas.Pero no. Supongo que no aprendere nunca, o que, como minimo, no aprendere mas, no en este terreno de amor y promesas, porque, aunque no quiera escribirlo, puede que entre tu y yo se haya acabado el amor y las promesas, y a veces, nada da tanta pena como eso. Como haber perdido algo que da (o daba) tanta vida.
Y lo peor de todo es que si ahora mismo te dijera esto en directo o si alguna vez caen estas frases ante tus ojos, tus únicas palabras serán: "Lo siento".
Y entonces te diré: A mi me falta aprender, y a ti te falta saber que es mejor callarte un Lo siento que no puede ni arreglar ni curar nada. Pero si quieres, te lo enseño. Y aprenderás a memorizar tus silencios y yo aprenderé a interpretar los sonidos inciertos.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Navidad

Esta es una de las navidades menos esperadas por mi parte. Tengo lejos a algunas de las personas que más quiero, a las que les contaría qué es lo que está pasando por mi mente y mi corazón. Porque eso de que "sabes que están ahí", vale para un momento, o dos, o tres, como mucho. Pero cuando te encuentras vacía, incomprendida o cuando no sabes cómo escapar, y necesitas una voz en directo y unos ojos atravesando los tuyos, capaces de saber qué hay dentro de ti, y no los tienes, entonces el invierno se vuelve mucho más frío, más lleno de hielo, de lluvia, de tristeza.


Esta es una de las navidades que más rápido han llegado y ni siquiera puedo sonreír por ello. Sólo trato de pensar que en breve me dan las vacaciones y que tendré dos horas más para estar en la cama a primera hora de la mañana, que no pasaré tanto frío porque estaré todo el día al lado de mi radiador favorito.

Porque las navidades se vuelven extrañas cuando intentas hacer crecer en ti la ilusión y el cariño quiere salir por tus poros, y luego hay personas que ni siquiera son capaces de valorarlo, o incluso de recibirlo.

Porque, al fin y al cabo, y por mucho que queramos engañarnos y engañar a los demás, las navidades no son tan mágicas. Es una parte más del invierno que se ha de pasar, pero nada se vuelve mucho más bonito. Por mucha pena que de sentirlo, y pensarlo.

La chica más triste de la ciudad

Ocurre que me descolocas, con esa actitud que no había visto nunca en ti, la de vivir el momento sin llegar a sentir, sin llegar a pensar(me) después de besarme, sin llegar a querer entrar en mi corazón como yo si quisiera entrar en el tuyo. Ocurre que sólo me quieres como amiga pero al mismo tiempo, existe esa atracción que te hace llevarme al planetario a las dos y media de la madrugada para arrebatarme los besos que no he dado hasta ahora, para quitarme la palabra y dejarme tu saliva y tu calor en mis labios. Besos que para ti significan minutos de calor y para mí tienen sabor a cariño. Y entonces sucede que sentimos desde puntos diferentes. Y para ti la noche es una más, y para mí es otra en la que sin tenerte, te tengo.
Y no me pidas que te explica por qué siento esto. Al final me despojo de mis secretos y te digo que me gustas. De nuevo. Aunque no como antes, o casi. Si fuera(s) como antes, todo sería diferente y tú te habrías ido a la cama con una sonrisa al ver mi mensaje. Y no me habrías dicho lo siento sólo porque te digo que me importas y que me gustas. Y no me habrías aclarado que estos besos no van a sucederse cada viernes o cada sabado, que surgiran cuando a ti o cuando a mi nos apetezca, y que si a una de las dos mitades no le apetece, que mi cabeza no se llene de pensamientos negativos.
Y te lo dije, y lo sigo diciendo. Decirlo es fácil, sentirlo no.
Además, tú eras así, tú eras como yo. Siempre atento a escuchar la teoría pero no sabiéndola aplicar a la práctica con máxima perfección.
Porque éramos, sin querer, perfectos imperfectos. Y congeniábamos, porque a mi me gustaba recibir tus palabras después de una noche de fiesta y a tí también. Y eras feliz con eso.
Y te salían las palabras bonitas del alma. Pero ahora ya no.
Me lo confiesas y algo de dentro de mí, se muere poco a poco. Se vuelve ceniza y entonces yo ya no puedo remediarlo: ese chico que fue parte de mi vida ya no está y me sume en parte de tristeza que aunque te la definiera, no podrías verla nunca.
Es como si yo de repente dejara de ser cariñosa, cálida o tierna ante tus ojos. Y puede que durante unos meses no llegara a serlo, pero ahora me ves, y sabes que soy yo. Que me reconoces perfectamente. Que sigo intentando sonreir de la misma manera, y que si no lo consigo, me mato hasta hacerlo. Y también quiero con el alma, con el corazón, con la piel, con mis rodillas flexionadas sobre el asiento de copiloto de tu coche y con mis ojos, que te miran cuando te das o no cuenta.
Me choca que mis besos no te den aliento. Que mis besos no te parezcan besos especiales. Que sean besos, sin más. Ocurre que la última noche de sábado del otoño te confieso lo que ahora siento por ti, y las cosas ni deben ni pueden cambiar. Por eso creo que me perdí algún capítulo de cualquier libro que puediera servirme para enseñarme a quererme un poco más. Por eso, además, te confieso que este año ha sido el peor de todos los que llevo viviendo aquí. Y que sí, que lo borraría. Y tú no sabes bien por qué, pero sí conoces algunas de las razones por las que he sido la chica más triste de la ciudad.
Y si no lo sabías, ahora lo sabes.
Sólo un abrazo de verdad, una mano caliente abrigando mis mejillas, servirían (un poco) para aplacar mi dolor, y volverlo algo transparente. Sólo tus dedos secando mis lágrimas delante de mi portal hubieran adelantado este proceso, y te habría querido un poco más. Y tal vez deba darte las gracias por no haberlo hecho.

domingo, 20 de diciembre de 2009

De puntillas

¿Recuerdas que nos quisimos de la manera más sencilla, que no simple? Nos entregamos, dedicamos y regalamos tiempos enteros llenos de amor con apenas 16 primaveras.
¿Recuerdas que yo solía ponerme de puntillas, cuando te conocí, para poder besarte?
Tú tenías el pelo largo y yo lo tenía rubio. Llevábamos una sonrisa instalada en nuestras bocas que iba a juego con las tardes de invierno, donde recorríamos calles que yo te decía que no conocía. Y después nos sentábamos en bancos de madera donde aprendimos a depositar amor en nuestros puntos más dulces. Y también gastábamos minutos alrededor de dos coca-colas hablando de la vida en general, y de la nuestra, de la de los dos, en particular. Tú me decías que no sé qué harías si a mí me pasaba algo, y yo te decía lo mismo. Concebíamos el amor de una manera inmensa, porque así lo vivíamos. Y yo no podía sentirme mejor. Quería vivir lo mismo una u otra vez, y que los días se sucedieran, y que fueran iguales. No era necesario, para mí, que fueran mejores.
Te quería en cada hora, en cada descanso, en cada tarde y también en cada noche. En cada sueño que yo tenía o en cada pensamiento en el que no estabas a mi lado sentado.
Tuve la gran suerte de estar dos años a tu derecha, pudiendo observar de reojo tus sonrisas, tus pómulos ruborizados si te decía lo guapo que estabas, que eras, que me parecías.
Tuve la oportunidad de cruzarme contigo, y de vivir el momento. De sentirme plena, completa.
De sentir que la vida seguía.
Y eso fue bastante.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Enredos


¿Sabes que es lo que me gustaría? Que por tu propia voluntad enredaras mi pelo con tus dedos, que besaras cada uno de los lunares que fueron parte de ti, que rebautizaras mi ombligo, mis dedos anulares y mi boca. Que te acordaras de las cosas que hacíamos sobre tus sábanas escuchando las canciones que siempre nos hacían sentir. Que recuerdes que después, siempre después, había chocolate para dos. Que nos comíamos el mundo con pocos minutos y mucha, mucha vida. Que pasábamos frío, calor, tiritábamos de emoción y volvíamos a la vida. Que eras el guardián de mis noches y quien velaba por mi seguridad. Que subías al cielo en mi ascensor con besos de despedida. Que me dabas las buenas noches más de una vez y yo sonreía, y mis pómulos se pintaban de rojo, y veía, notaba, sentía, que nada podía ir mejor entre nosotros. Que debíamos querernos mucho para seguir adelante en todo momento y no cansarnos nunca. Que repasar parte del pasado es algo que me debo y que, ojalá, te debas a ti mismo en algún momento de tu futuro.


Que nos pertenecimos.

Que fuimos felices.

Que siempre pensaré en esto (a pesar de todo, a pesar de mí).

jueves, 17 de diciembre de 2009

Con derecho a no poder soltarme nunca

Anoche me quedé leyendo cartas que hacía tiempo que no veían la luz ni respiraban el mismo aire que respiramos tú y yo entre estas paredes que hasta parecían nuestras, de los dos. Anoche leía cada frase y no me parecía tan lejano, o quizá sí. Tal vez quería creerme que tú sigues teniendo algo de aquel chico que era la mitad de mi vida, o que yo siempre estaré clavada en alguna parte de tu cuerpo, con derecho a no poder soltarme nunca. Igual sólo pensé en quedarme fija en una milésima parte de tu retina, para que tu cerebro me dibuje perfectamente y así, no darte a ti, entonces, el derecho para borrarme/olvidarme y hacerme marchar.
Anoche escribí palabras para ti, o quizá para los dos, o tal vez sólo por mí. Esta mañana quise buscarlas, y no sé dónde están. Puede que las dejara en algún rincón de la habitación. Mis ojos ya estaban medio cerrados y la luz estaba apagada. La luz de la luna no iluminaba apenas el interior de mi cuarto y creo que si las he perdido, he perdido parte de las verdades que quería dejarte a modo de escaparate navideño.
De todas formas, voy a seguir teniendo palabras para ti.
No sé por qué me formé la estúpida idea de que por mucho daño que se puedan hacer dos personas, cuando ha sido el primero, cuando ha estado en tu vida al pie del cañón durante tantos años (y el punto de partida comenzó antes de aquel octubre para mí), es más que imposible borrarle para siempre, y al final, acabas necesitando algo de él. Lo que sea, un recuerdo, unas palabras, una hoja algo amarilla o una fotografía, un segundo o un instante que parezca fijo, eterno, y memorable para los dos. Pero ya nunca lo sabré.
Nunca sabré qué ocurre dentro de tu ser cuando nos ves a los dos, bien felices, en esas fotografías modernas, llenas de color, con nuestras ropas vaqueras y nuestras sonrisas a juego. Combinábamos bien.
Todo el mundo lo sabía ý tú y yo nos sentíamos perfectamente con lo que teníamos, con lo que nos dábamos, con todo el amor que fuimos capaces de hacer nacer.
Y creo que gracias a ti nació otra Laura. Una Laura que dejó de escribir sobre tristeza en las poesías para escribir sobre el amor, la ilusión, la esperanza y el futuro.
Porque tú eras mi presente, y también mi futuro.
Porque hubo un tiempo, bastante amplio, he de decirlo; que creí que serías mi futuro durante gran parte del resto de mis días. Y a pesar de las edades, de la inocencia y la juventud temblando ante noches llenas de besos y viento, yo te quería con todo. Con absolutamente todo.
Y tú también.
Asumíamos nuestros errores. Tú los tuyos y los míos. Yo, igual. Y no hay mejor manera de amarse que ésa. La de comprender sin necesidad de forzar un entendimiento a base de palabras que acaban gastándose de lo mucho que se respiten. Que acaban despojándose del significado puro.
Y es que tú y yo significábamos mucho.
Eso decía mi corazón y los ojos de la gente que nos contempló amándonos.
Lo sé, lo supe. Y (creo), lo sabré siempre.

viernes, 11 de diciembre de 2009

La última oportunidad

Si quieres te doy todo el tiempo del mundo, todo el tiempo del mundo para olvidarme (más y del todo).

Es eso lo que siento a veces, que quieres tiempo para separarte de mí, o para agarrarme y soltarme por momentos. Pero yo nunca funcioné así. De siempre he sido emocionalmente dependiente de las personas que depositaban cariño sincero, gratuito, especial en los rincones de mi corazón.

Es lo que siento cuando te miro y veo que antes me ahogaba con tanto amor en tus pupilas y ahora ya no hay nada que decirse, o casi nada. Y siento que eso solamente me apena a mí.

No sé, no encuentro sentido a estas palabras, no ahora que despues de un año de soledad, incompresion y distancia... volvemos a intentarlo. A ser amigos. A ser quiénes éramos. O algo parecido.

Puede que no lo sepas pero ésta va a ser una de las cosas que más me cueste conseguir, porque sé que nos hemos ido volviendo incompatibles. Que así lo hemos forzado. Que tus sonrisas ya no encuadran en las mías ni mis manos encajarían con las tuyas, en las tuyas. Puede que nos hayamos distanciado tanto tanto...que cuando volvemos a tenernos cerca, todo sea demasiado extraño como para que tú logres entenderme, o mucho peor, quieras molestarte en entenderme.

Y sé que estas palabras volverán, intuyo que vendrá algo, alguien, o tus pensamientos o los míos y lo estropearán todo y entonces tendremos todo el tiempo del mundo para tratar de olvidarnos de la manera más compleja. Porque es así como son los olvidos: difíciles, complejos. Y a mí me desquician.

A pesar de todo lo ocurrido hasta día de hoy, siempre me costó no pensar en ti, no trazar tu nombre con las letras de mi mente y no pensar que quizá estabas siendo mucho más feliz que cuando compartiste tu vida conmigo.

Puede que junto a esos pensamientos, vengan otros inútiles a aliarse conjuntamente y esta última oportunidad entre nosotros, pierda todo su valor, y nosotros, nos perdamos para siempre. Pero, dime una cosa, dime que ocurra lo que ocurra, que terminen como terminen las cosas, habremos puesto toda de nuestra parte para que salga bien, para que nos mantengamos fieles y pacientes hasta el final. Dime que intentaremos soportarnos y volver a cargar de cariño parte de nuestra piel y nuestros brazos. Dime que serás sincero, que tendrás tiempo, que serás objetivo y que a pesar de que acabemos separándonos para siempre por no haberlo conseguido; seguiré teniendo un pequeño puesto alquilado en el agujero más recóndito de tu memoria, y que en él, no me guardarás rencor. Y que sabrás portarte bien con mi recuerdo. Que no lo despreciarás, que estará(é) ahí.

Porque si alguna vez termino por desaparecer, de aquí/para tí; espero que cualquier recuerdo de años atrás sirva como mi presencia infinita, y así, todo estará en calma. Y no habrá más dolor, ni más sueños rotos, ni más manos vacías.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Préterito perfecto simple

Nunca me gustó el pretérito perfecto simple. Y prefiero "eres especial para mí" o incluso "serás siempre especial para mí", a "has sido muy especial para mí". Como comprenderás, y como amante de las palabras, analizo qué significa para ti y para mi algo como eso. Intento explicarme hasta qué día signifiqué algo para ti, en qué momento dejaste de quererme y por qué no has vuelto a proponerte verme como algo más. Probablemente todo esto no tenga sentido y simplemente haya llegado el momento de apenarme que todo lo que teníamos lo destruimos, lo tiramos a cualquier río y se fue escapando, muy rápidamente. Y de la manera más fría, que es como suele ser el agua de los ríos. Fría, casi helada. Tú lo sabes bien
Y asi nos helamos. No hicieron falta inviernos. Si te das cuenta, han sido los veranos y los otoños las estaciones que nos han ido separando más y más. Nos han distanciado... y en realidad, tú y yo pusimos mucha de nuestra parte para conseguirlo. Quizá fuera la mejor estrategia de todas, aquella de no vernos, no hablarnos y no tenernos, para no hacernos mucho más daño. Quizá fuera la mejor solución y no supimos verlo, y aprendí a vivir con ello (sin ti), y costó, pero lo logré. Y tú también lo has hecho. Tal vez esperé que no fuera así, que siempre me verías como la chica de la que te enamoraste a los dieciseis años, que mis letras o mis labios te harían siempre desearme, pero esas cosas no ocurren. Los amores reales, por mucho que calen, cuando ya no están, cuando ya no producen chispas, no van más allá. No pueden influirte. O al menos eso te ha sucedido a ti conmigo.
Me ves, me abrazas, me tocas, me arropas, me aportas calor, me besas, me oyes hablar en voz baja... pero no me intuyes llorar ni me escuchas sollozar porque ya trato de disimular el ruido, y hacer como que tirito de frío, que también.
Pero me has descolocado. Pensé: "Si me trae el batido de chocolate a la cama, significa que soy algo para él" (ya ves en qué tonterías nos basamos las mujeres), pero al final no significó nada. Te callé la boca con las manos, con mis pequeños,finos y rápidos dedos, te la callé también con mi boca, con mi lengua, con mi saliba, con el hambre de las siete de la mañana, pero nada sirvió. Igual que de nada sirven estas palabras (ni servirán). Puede que me desetienda de ellas dentro de veinte días, cuando todo lo vea de manera distinta. Quizá solamente quería que supieras que algo de mí me ha incitado a quererte, a querer conseguirte de otro modo, a que tú lo vieras de manera distinta, también. A que intentaras recuperar la parte de mí que te quiso con toda su alma. Pero estas cosas tampoco ocurren en la vida real, y si ocurre, no aquí y ahora, no con nosotros. Sino en otros lugares bastante lejos, en otras capitales, con otros individuos, con otros corazones. El tuyo y el mío quedaron demasiado tocados como para que vuelvan a hablarse, a confesarse secretos, a escucharse.

Porque sé que aunque tú estás ahí, no estás preparado para escucharme, ni para secarme las lágrimas que seguramente caerían si estuviera delante tuya y te contara lo que ha ido sucediéndome durante este último año. Porque sé que no eres el mismo chico que ocupó mi vida durante tantos años. Porque no puedo contemplarte como el chico rubio de mi vida si tú y yo ya no somos los de antes, y hasta tú ahora lo ves difícil.

He perdido cualquier arma de fuerza, cualquier sueño mantenido, cualquier deseo escondido pero latente.

He perdido las ganas de que luchemos contra lo (im)posible. Se han acabado las oportunidades, eso es lo mejor. Y puede que me lo agradezcas.

Fue bonito encontrarnos, tenernos, amarnos, en definitiva.

El primer paso o la equivocación más clara

Hace tiempo me propuse que jamás hablaría de ti, o de mí contigo, o de nosotros en este blog. Me prometí que nuestra historia había acabado por y para siempre. Que no te merecías más palabras, más recuerdos, y que yo tampoco me merecía recordar algo que fue, y quizá, no volverá a ser más. Pero las cosas o los pensamientos cambian, y sé que seguirá siendo así, y puede ser que dentro de un tiempo tenga la imperiosa necesidad de borrar todo esto sin que ni siquiera tus ojos lo vean ni tu boca lo llegue a leer. Pero necesito escribirte. No me ha costado retener mis palabras porque sé que tú tampoco tienes demasiadas palabras para mí, que, como te he dicho, estoy muy por detrás de la gente que ahora forma parte de tu vida. Porque los dos nos alejamos, porque te noto distinto, porque pensé que estabas más cerca, quizá podamos recuperarnos, no como antes, pues es difícil. Y llevas razón. Pero a veces cambio, siento, y prefiero llevarme bien con la mayor parte del mundo, enterrar cualquier signo de dolor que pueda sumergirse en algún mar sin nombre, e intentar salir afuera a respirar, para poder verte como siempre quise verte. Para reconocerte, identificarte, y aún así sé que hasta esto será difícil porque tú no eres el mismo, y en su día desée que no cambiaras nunca.
No sé, ahora, resumir en palabras lo que eres, o lo que fuiste, o lo que podrás llegar a ser cuando pase el tiempo. También sé que reharás tu vida cientoveinte veces más, y yo ya no estaré ahí. Que no tendré ningún puesto de honor en tus días, y eso no es lo que más me duele. Lo que me duele es el tiempo perdido, las palabras que faltaron, y las que sobraron. Tantas magulladoras que pasaron desapercibidas ante tus ojos, en mi piel. Tanto lamento y tanta soledad no compartida. No sé, ahora, si lo más correcto es incluirte en este blog, pero también en este blog hay escritos sobre personas que no se merecen mis palabras y personas que me hicieron mucho daño. Al fin y al cabo, creo que sólo puedo hablar de las personas que me influyeron. Y tú lo has hecho hasta este momento.
Esperaremos a ver qué ocurre a partir de ahora. Si somos fuertes, si me hablas, si te escucho. Si podemos conseguir algo, lo que sea. Pero los dos, ambos, y no por separado. No tú y yo.

martes, 8 de diciembre de 2009

Maneras y maneras (de hacer las cosas)


Hay maneras y maneras de sentirse libre, de sentir que puedes escapar y dejar aparcada la mente en casa durante unos días, hasta volver y recuperarla, poco a poco, eso sí. Hay maneras y maneras de ponerse nervioso, dentro de un coche, dentro de una cama... Hay maneras y maneras de preparar cubatas y maneras y maneras de pedir cafés en pueblos perdidos de la mano de Dios y en capitales a las que, eso sí, les falta un baño en la estación. Hay maneras y maneras de asustarse y maneras y maneras de reirse ante la vida, de la vida, con la vida. Hay maneras y maneras de bailar, cantar y bajar y subir con canciones a media pastilla. Hay maneras y maneras de sentirse bien y mal, en la cama, con el frio, con la soledad, con el tiritar de los dientes y los pies, y, ya de paso, los brazos y las piernas. Hay maneras y maneras de mirarse a la cara y sentir que hay cosas que sobran, pero otras tantas muchas que faltan, y que no llegan porque o no tienen que llegar, o porque se intenta vivir de manera que, ahora, el dolor se deposite en cuerpos ajenos, y no en el propio.


Hay maneras y maneras de dejarse perder de la mano de alguien que te quiere en cada palabra de una postal moderna de una fundacion de arte abstracto. Hay maneras y maneras de contemplar una obra de arte y de perderse en sus escalres. Hay maneras y maneras de darse cuenta que lo bonito, es el momento, y no lo que se está haciendo. Hay maneras y maneras de despedirse, y maneras y maneras de fotografiarse, y crear recuerdos.

Hay maneras y maneras de volver a casa. Yo prefiero volver con los ojos cerrados, pensando con qué imagen me quedo, con qué palabra, y con qué segundo.


Gracias por estar ahí, por tus escuchas, por las risas compartidas a primera hora de la mañana y por todo, absolutamente todo.



miércoles, 2 de diciembre de 2009

Yo sólo quise sentir eso

Ya basta de derramar lagrimas estupidas por ti, ya basta de pensar que quiza te acuerdes de mi al llegar navidad. Ya basta de esperar, de pensar estupideces, de perder el tiempo en definitiva.
Basta de creer que en su día te importé o que (me) sonreíste de verdad el 1 de noviembre (cumpleaños de tu hermano, por cierto), el 19 de diciembre o el 14 de marzo. Porque no, porque he dejado de creer en aquella alegria aparente que emanaba de tus labios.

Atrás han quedado las risas, los pequeños paseos compartidos y las canciones de fondo en tu coche negro.

Y como ultimo recuerdo tuyo, sólo tengo un mensaje: “Que aunque ahora estemos distanciados sabes que eres muy importante para mi”.

Pues bien, yo solo puedo llorar si leo ese mensaje, ¿por qué? Te preguntaras, “se lo toma todo a la tremenda” (pensaras). Pero no, lloro porque al leer eso me parece que tú mismo decidiste esa distancia, cuando no fue asi, aunque bien es cierto que pusiste mucho de tu parte (directa e indirectamente), para incitarme a querer olvidarnos, separarnos del todo, distanciarnos para siempre.

Y la verdad, con esas palabras, me hiciste pensar que te daba igual (aunque siempre ha sido asi aunque lo niegues) que estuviéramos de ese modo. Tú te cansaste de mí (o mejor dicho, de mi sensibilidad y de mi propia voluntad de querer y arreglar las cosas). Y yo me equivoqué contigo, por entero, incluyendo por supuesto tu manera de tratarme, tu manera de actuar y de responder, tu manera de sobrevivir a mi ausencia, a la falta de la amistad que creia que para ti era “esencial”.

Además, te equivocaste. Yo no sé (ni he sabido nunca) si he llegado a ser importante para ti (que ya ni especial, como solias decir). No, nunca lo he sabido no porque no me lo dijeras, sino porque nunca me lo demostraste, y eso es algo que si no se demuestra no puede sentirse. Y yo solo quise sentir eso. Nada más. Y no, no lo he sentido jamás como tal.

Sólo he sentido que te ha gustado verme a ratitos, y en “tus momentos”. Leerme en tus días tristes o raros, y encontrar comprensión en mis palabras y llamadas. Tambien supiste a la perfeccion pasar por alto todo lo demás. Pero yo no soy solo palabras, entendimiento humano y una sonrisa bonita. Yo tengo corazon, y lo uso constantemente, y lo pongo al descubierto, lo expongo a los escaparates de todas las miradas, y mira lo que has hecho tú con él.
Rociarlo a un rescoldo de mentiras o de verdades muy malas.

Y no te escribo esto para que lo leas, pues no se que hare con estas palabras cuando pasen los años sin nosotros, la verdad. Quiza lo escriba para pensar que algun dia, tal vez, recuerdes como me llamaba, como eran mis manos, y te pese algo en la conciencia.
PD) Y el problema, el problema no es que tu recuerdo no me deje vivir con entera normalidad, el problema es que sigues apareciendo en mis sueños, desentonando con tu alegría, sin ser capaz (ni siquiera en sueños), de contentarme/apreciarme/sorprenderme, ni quererme sólo un poco.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Jornada de corazones abiertos

Deja que nos enseñemos la vida. Permite que nos midamos la anchura de las sonrisas a destiempo. Tararéame tu canción francesa favorita y yo me reiré en silencio, esconderé las arrugas de mis pómulos entre el doblaje de las cortinas de mi mundo. Deja que me aprenda de memoria la manera en que se puede llegar hasta ti. Háblame de lo que más miedo te da, secuéstrame un par de pensamientos al día y rompe los lazos distantes. Crea unos nuevos, cóselos con tu ternura y mírame a los ojos. Dime que te gustan (aunque sea mentira), y júrame que no olvidarás cosas tan simples como el roce de la mano de una chica de veinte años sobre la barba de uno de veinticuatro. Escribe un manuscrito de verdades, reflexiones y sueños que sepan a verdad, que sean (i)lógicos, y descúbremelos. Cuéntamelos poco a poco, para que duren más. Haz que te eche de menos en los meses pares, y que te sueñe en los impares. Niégame la lectura de estas palabras después de escribirlas para no agrandar cosas que no tienen nombre. Perdona la intromisión en tus ojos, intentando deleitar tus sentidos.
Te invitaría a una taza de chocolate caliente en días de frío, y te contaría cuando me sentí la chica más triste/desafortunada/abandonada de la ciudad.
Y, cómo no, también te hablaría de las felicidades. Las más grandes. Las que lo eclipsan todo y nos dejan desnudo el corazón y la garganta. Y después, después miraría hacia arriba, como en la fotografía, para alcanzar tus pupilas y decirte: "Hasta la próxima taza compartida. Ha sido un placer", y un par de besos (o uno) sería el punto final de la frase.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Aprender algo más difícil

Ayer escuché antes de quedarme dormida en la sala de cine, que debemos aprender a querer lo que es bueno para nosotros. Lo vi y lo entendi a la primera.
Ni R ni C nunca podrían haber sido ni serán buenos para mí (he tardado en reconocerlo, pero por fin).
Sí, con nada son capaces de que mi boca se tuerza hacia arriba y que mi corazon lata a ciento cuarenta por hora, pero eso a veces, no es sano. Y yo no siempre he sabido verlo.
La alegria, emocion, ilusion y desenfreno que puedo llegar a sentir por/con sus palabras, las de ambos, es directamente proporcional al dolor que me pueden causar. Tienen el poder de sumirme en la mas envidiable de las felicidades, como en la más negra de las penas. Y eso, eso no es bueno para mi. No va a cambiar.
Lo que si tiene que cambiar es mi actitud, no frente al mundo, al menos y por ahora, frente a ellos dos.
No puedo permitir que vengan mas personas como ellos a destrozarme el corazon para después ir cubriéndolo con gasas y apositos que nunca, nunca, nunca, seran suficientes para remendar todos sus errores. Y eso no es cuestion de no olvidar, es cuestion de que cuando el dolor cala, (hasta lo mas hondo), es imposible mirar hacia delante sin mirar de reojo (en ocasiones).

En realidad, eso que escuche, lo de aprender a querer lo que es bueno para nosotros, suena genial, pero llevarlo a la practica es mas chungo. Sin embargo, tonta seria si me plantara aquí, y no intentara conseguirlo, o como mínimo, planteármelo. Yo quiero olvidarme de ambos, al menos lo suficiente como para no vivir otra vez lo mismo, no esperar nada y desquiciarme con tantas meteduras de pata ajenas. Asi que el unico camino que me queda (o no) pero que, eso si, me exijo de ahora en adelante, es valorarme, y valorar lo que se presente por delante. Esto no consiste en quedarte con la primera persona que pasa, ni siquiera concederle todo tu amor solo porque a primera vista es simpatico y se porta bien contigo. No todo es tan simple.

Y se que cuando una de las personitas que mas quiero lea esto, se dara cuenta que se encuentra en la misma situación que yo. Que no siempre quien mas felices nos puede hacer, son los mejores.Si, suena raro, paradójico incluso, pero es asi. Nunca lo he visto tan claro. Idealizamos tanto algunos seres, algunas identidades y acciones, que dejamos de ver la bondad en otros individuos que no les ofrecemos la oportunidad de intentar abrir nuestras puertas, que las cerramos demasiado pensando que nada asera igual de bueno o que no seremos nunca tan felices.

Pero cuán equivocados estamos todos.

La vida, el amor, no se reduce a una sola persona. Y aunque cueste, tiene que haber una serie de estrategias para aprender a discernir lo que es bueno de lo que no, solo es cuestion de abrir los ojos, y de callar un poco, aunque solo a veces, la voz del corazon.

martes, 24 de noviembre de 2009

Desahogo



Despiértame con un susurro (suave,lento,profundo). Cántame tus palabras favoritas y desquíciame con tacto, con tiempo, con tranquilidad y deseo. Suéñame al tenerme y búscame al perderme. Quiéreme sin pedirlo, necesítame sin tener que herirme para darte cuenta de ello. Necesítame porque sí. Porque te gusta mi manera de mirarte a los ojos, o porque te gusta imaginar tus dedos en mis rizos, en el punto 0 de mi tripa o en la punta de mi nariz.
Regálame una sonrisa temprana, madruga para visualizar mi cuerpo mientras se estira y pide tus caricias. Permíteme quererte hasta doler, pero poco. No dejes que me desquebraje tan pronto, no dejes que se me acaben las razones para dedicarte mi mirada más caliente, mis brazos medianos y mis pies intranquilos.
Pintemos la vida a nuestro gusto, a nuestra manera. Compremos la acuarela más viva y la paleta más grande de todas para mezclar todas esas experiencias que formarán parte de ambos. Dibujemos las lineas que queremos seguir. Seamos amigos, cómplices y amantes. Seamos testigos de todo esto. Seamos trabajadores, luchadores, energéticos. Y no perderemos nunca. No por nosotros. Seamos lo que siempre quise que fuéramos.
Enséñame cómo contemplas tu la vida, y tu mundo, más concretamente. Dime, en general, qué esperas de la gente, y en particular, qué esperas de mí. Dime si mi amor te queda demasiado grande, dime si sobro, si falto, si me soñaste y en cambio, todo se volvió pesadilla por no estar yo allí. Dime que te muerdes la voz todos los días, cada tarde, para no llamarme, y que controlas la fuerzas y direccion de tus manos para no marcar los nueve dígitos del unico numero de telefono a traves del cual podrias escuchar mi voz, mi risa entre vocales y mi pena entre consonantes.
Reclámame atención, cariño. Sé como siempre debiste haber sido. Pide perdon, si hace falta, pero tambien si eres consciente de todo lo que hiciste mal. Entierra el orgullo que sé, seguro, que aún te acompaña. Haz todo esto si algun dia lo sientes asi, y entonces seré capaz de soplarte cerca de la boca como una niña pequeña, que aún desconoce las particulas de amor que pueden condensarse en un segundo, en una pequeña parte de oxigeno pulmonar.
Y para terminar, perdona por escribir esta gran sarta de tonterías, pero hoy no tuve un día especialmente bueno, y el llanto acaba destinándonos al desahogo total.
En ese desahogo, siempre estarás tú, claro.
Y ya se me olvidaba. (Vamos bien).

lunes, 23 de noviembre de 2009

Ambivalentes

Creo que son demasiadas cosas las que no entiendo, de entre ellas, los besos. Y nunca antes me había sucedido. Me refiero a eso no entender los besos. No entiendo que para alguien puedan significar algo, (que no tanto) y para otros, nada, absolutamente nada, o si, una simple via de escape por la que poder soltar una adrenalina que no desean soltar de cualquier otra manera.
Creo que nunca antes me había sentido asi, creo que no me gusta sentirme asi. Y no sé cómo cambiarlo. No sé como actuar porque no es fácil. O cerrarme en banda o intentar explicarme. Pero no hay oídos disponibles a escuchar algo que se aleja de la sencillez de "un quiero y puedo". Pero en mi mundo las cosas no son así. Al menos no en el mundo donde creo estar creciendo.
Creo que las cosas son demasiado ambivalentes, y que las personas, lo somos aún más. Sobre todo cuando nos encontramos algo que no preveíamos, cuando nos llenamos la cabeza de pájaros que ni siquiera existen, o que si lo hicieron, se extinguieron demasiado pronto, por causas desconocidas.
Creo que no me merezco un ovillo de dudas en mi cabeza, no ahora. Creo que me merezco un té con palabras, al menos. Un paseo de treinta minutos, como mínimo. Una caricia de verdad, como punto de inicio. Pero el caso es que no siempre nos solemos encontrar en el mismo km. Y así pasa.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Tarde en la oficina

Puedo decir que hoy he dado varios paseos, algunos bajo el sol más radiante y amarillo que ha salido en todo el mes en la ciudad, y otros bajo unas nubes algo grises y enfadadas con el mundo (como yo, no gris, pero si enfadada, y con el mundo).
Puedo decir que este miércoles me pareció a lunes, que la tarde me supo a mañana y que he estado desconcentrada durante horas en el trabajo. De todo lo que tenía que hacer, pocas cosas me han salido bien, quizá porque mi mente estaba en otro sitio (y no sé donde, la verdad). He entregado papeles que no eran a personas que no debían, entre otras cosas algo más banales pero que me saca de quicio que ocurran y por mi culpa directa. Porque soy despistada, pero intento centrarme. Porque tardes como las de hoy, pocas. Porque llevo dos semanas sin sentarme cómoda y tranquilamente a estudiar un maldito tema de oposiciones que me trae por el camino de la amargura. Que me agobio y no sé si estoy haciendo lo correcto. Pero en momentos de calma me digo que si, que no me precipite, y que si no es ahora, será más tarde.
Puedo decir que quiza todos estos pensamientos tan estupidos puedan irse por el callejon sin salida mas proximo al parque verde oscuro de las mañanas. Puedo decir que estoy cansada de cansarme, de sentirme dormida, de querer dormir, de no tener fuerzas ni energia suficiente en mis cuerpos y mis brazos.
Puedo decir que me duele la espalda, y un poquito el corazon, por la cantidad de desesperanzas que se acumulan a raiz de otras vidas, de otros que simulaban ser hombres. Aun asi, hoy no he dado el 100% de mi no por cumulo de recuerdos dañinos, sino por el cansancio humano que no me arrebata la cama por las noches.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Penurias

Nunca me dijiste que me echabas de menos (tal vez porque así era), tampoco me has repondido nunca a la pregunta estrella de por qué no te despediste de mí cuando tenía catorce años y me trasladé de ciudad. Tampoco me has aclarado al cien por cien por qué te parezco (o a estas alturas, parecía)especial, lo único que oí de tus labios era algo así como: "Eres especial porque eres la única chica que me habla a pesar de que los dos estemos enfadados". En realidad, creo que eso no es ser especial, es ser gilipoyas, o inferior, o mil cosas que son mucho peor que todo eso. Un remix de penurias. Qué se yo.


Sólo sé que bajé muchos escalones para estar bajo tus pies, al fin y al cabo, y para que tú me tuvieras en tus manos, meciéndome, realizando un vaivén en el que a cada segundo, me sentía más dolida.


Sólo en algunas ocasiones me he sentido bien contigo, como aquella vez en que me escribiste que despues de saber lo que era verme, no aguantarías mucho tiempo sin hacerlo. OJALÁ HUBIERA SIDO CIERTO, OJALÁ NO TE HUBIERA CREIDO.


En fin, sólo sé que después de un día duro de trabajo en el que el destino ha querido que tuviera que escribir tu nombre, la fecha de tu nacimiento y tu apellido por triplicado en diversos papeles de matriculaciones a exámenes diversos, es imposible que no me acuerde ni de ti, ni del daño que me has hecho. Es imposible que tu nombre pase inadvertido para mí, y eso que un día pensé que no era demasiado corriente. Pero el tiempo me la está jugando bien. Cada vez apareces más, y ya no sé que hacer para borrate, quizá haciendo desaparecer todas estas letras que no hacen más que trasladarme al subsuelo, al mar, a aquel sitio en el que ni siquiera me divisas, porque tú te quedas arriba, con todo el oxígeno (el tuyo y el mío) y yo me rebajo, más, más y más. Y tampoco te planteas (por remota que parezca la idea) salvarme, venir hacia mí y decirme que no vuelva a ser tan estúpida, que no me volverás a dañar tanto, que reconocerás lo que pueda suceder de ahora en adelante. Pero no.


Al final yo me quedo con el mar, con menos oxígeno del necesario y con pinzas blancas estrechando, cada vez más, las arterias que hasta mi corazón van. Tú, tú te quedas con...¿qué se yo? Te quedas con la ciudad que en su tiempo fue nuestra, de los dos. Ahora sólo te pertenece a ti. Allí quedó el respiro de mi infancia y las últimas huellas, las últimas risas de mi adolescencia. Ahora tú te quedas con eso y también con una pareja que puede llegar a hacerte feliz, no sé. Eso es lo que tú querías, ¿no? Tu le querías a ella, y tal vez algo más. Supongo que a mí también me querías, pero sólo para hacerte sentir bien, especial, como todos. Pero he llegado a un punto en el que si doy todo de mi para hacer sentir especial a gente como tú que no devuelve nada, que no da siquiera la moneda del valor mínimo, a cambio, yo me quedo vacía, y no puede ser. Ya te dije una tarde, hace muchos muchos meses, que todo no se podía tener. Y ahora he descubierto que yo no estoy en ese saquito de cosas de las cuales dispones y forman parte de tu vida. Yo sé donde estoy, lo sé. Me he quedado a fuera, dando pequeños saltitos en la periferia de tus caminos.


No puede ser que la apatía se adueñe de mi vida sólo porque dejo que tú infrinjas en mi corazón como dejé que hicieras (sin darte cuenta). No puedo intentar conservar el calor y el cariño que por ti empezó a nacer en este cuarto, en estos brazos y en estos ojos.


Mi manos están algo frías (será cosa del tiempo, de la amenaza del otoño), y mi corazón, un poco, también. Creo que ya no le abro las puertas como antes, creo que se ha autocomprado, con el dinero que me roba por las noches; cerrojos que ni siquiera yo sé abrir.


Tú nunca me quisiste, tampoco me apreciaste lo suficiente como para ser menos idiota.
Yo te quise hasta con las dos de mis pupilas y la sonrisa de mis labios.


Pero ya no queda nada.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Petons al nas


No mereces que sueñe contigo, no aún. Debieron acabarse los sueños con tu rostro, con tu cuerpo. Debieron acabarse para mí. En este último aparecías, incomprensiblemente, en el portal de la que fue mi casa durante catorce años, en compañía de un gran grupo de amigos. Yo, imbécil de mí, aún sonreía desde fuera, y te llamaba. Tú simplemente me mirabas, sin mostrar emoción alguna (como casi siempre, como ha sido asi siempre que tus ojos se han encontrado con mis ojos), y después aparecía la que es tu pareja en estos momentos.

Supongo que es demasiado incomprensible soñarte de este modo, y que no podamos controlarlos es lo que más me saca de quicio algunas mañanas. O que mi memoria no trabaje a esas horas tan tempranas ni que tu nombre salga más en la voz del señor de la radio o que se me olvide pronunciar las letras que forman tu nombre. Que no me duela decirlo cuando tengo que abrir cada mañana a dos niños del colegio. Que no vea tus fechas de nacimiento en papeles que tengo que traspasar a la memoria de un ordenador, en el trabajo. Que no suenen canciones que intuyo que a estas alturas tú ya habrás escuchado.

No, no quiero eso. Quiero todo lo contrario. Quiero que te conozcas a muchas Lauras en tu vida y pienses si guardo algo en común con ellas, y que, entonces, eches de menos algo de mí en ellas. Quiero que identifiques mis ojos en otros ojos, y mi sonrisa en otra sonrisa de cualquier otra chica de la ciudad. Quiero que sueñes conmigo de tarde en tarde y te acuerdes tan perfectamente como me acuerdo yo al amanecer. Quiero que escuches un par de canciones de las que te regalé, y te duelan. Quiero que te prometas no olvidarme nunca. Quiero que quieras extrañarme el resto de tu vida, y, por consiguiente, preguntarte cada martes ¿por qué narices llegué hasta hacerla tanto daño? Quiero que te culpes por no haber sabido ni querido reaccionar, sobre todo por eso, por no haber querido. Quiero que luches el dia de mañana por otras personas que ya no serán yo. Quiero que te propongas hacer feliz a las personas que necesiten de tu calor y compañia, como yo, en su dia. Quiero que te acuerdes de la foto que te di con catorce años y te pedí tantos años despues. Quiero que alguna vez seas capaz de querer o admirar a alguien como yo contigo. Quiero que un día seas valiente como para abrir los ojos al cien por cien. Quiero que no juegues con los sentimientos latentes del resto del mundo. Quiero que no seas tan indiferente hacia la sensibilidad de las mujeres que formarán parte de tu vida, pues yo, ya no. Quiero que recuerdes la manera en que solia enviarte los besos, darte las buenas noches y llamarte algunas madrugadas para contentar tus oidos con melodías alegres.

Quiero todo eso, y sé que es imposible. Porque se que si no me has valorado hasta este momento, no lo podrías hacer nunca más, por mucho tiempo de ventaja que pudiera darte. Nunca nos encontraríamos en el mismo punto y yo, al final, me cansaría de esperarte, de darte/nos, una segunda oportunidad, de seguir dejándome la piel y las lágrimas por algo que después, no merece tanto la pena.

Se acabaron las palabras de tarde, se acabaron las noches y letras compartidas, y se acabaron els petons als nas.

Asi de triste (para mi), pero asi de real.

jueves, 12 de noviembre de 2009

La gota que ha colmado el vaso


Ha sido todo demasiado surrealista, demasiado ilógico y tonto, a la vez. O quizá he sido yo la tonta (otra vez). No hubiera afirmado que llegaríamos a este punto, nunca hubiera pensado que te escribiría lo que te escribí, pero no puedo ser menos vulnerable, no puedo esperar menos de la gente cuando esa gente te hace aspirar a más, y te demuestran que ese lazo que une dos amistades, puede persistir a muchas adversidades. Entonces, entonces pasa que te acostumbras a ese cariño, que necesitas de las sonrisas de esa persona, pero sobre todo, de su sinceridad. Y asi me ha pasado contigo.
Es cierto que me has ignorado, después de tantas señales de cariño o de afecto, llámalo como quieras, pero a mi me sentaron bien esas palabras tuyas, al igual que tu risa por teléfono o tu manera de hablarme de la infancia cuando yo te lo pedía. También me sentó bien leer que si venías a esta comunidad, me avisarías, y podríamos vernos. Te creía sincero, te veía certero, te pensé valiente. Pero joder, siempre me equivoco con personas a las que termino por querer perder porque no soporto tanta mentira, y mucho menos, tanta cobardía. Al final, una y otra actitud se acaban complementando y vuelven todo más complicado, hasta que todo es una mierda. Es así, de triste, de inaguantable, de doloroso. Y yo decidí hace muchos meses que no quería ni más situaciones inaguantables, ni de tristeza ni dolor en mi vida. Bastante tengo con las cosas que no puedo preveer y a veces terminan por llegar porque tienen que acabar llegando, como para que ahora vinieras tú y me fallaras.
No pretendía obligarte a nada, no pretendía regalarte abrazos porque sí ni hacerte sentir mal por no habernos encontrado en la estación de la luz, ni bajo una noche valenciana; simplemente necesitaba que fueras sincera o que me hicieras saber, (como bien dijiste que harias, aunque tampoco sé por que motivo) que me avisarias, que yo iba a notar que estarías aquí, cerca de mí, de algún modo. Pero tu ausencia, tu indiferencia, tu lejanía (ampliada por tu no saber estar) ha hecho que deje de confiar en ti, que no quiera saber absolutamente nada, que rechace excusas baratas y explicaciones que ya llegan tarde.
Y acepto poder ser un recuerdo que olvidar, o una chica insignificante en tu vida, pero no soy ningun objeto al que se le pueda tratar o no tratar según sea el momento. No estoy hecha de madera, ni de hierro, ni de metal o resina. Estoy y soy puro sentimiento, emociones y sensaciones que se amplían o se merman según el comportamiento de las personas que me rodean. Y yo pensaba que tú advertirías esto y que no me tratarías nunca como lo has hecho hasta día de hoy. También esperaba que supieras darte cuenta de tu error, e intentaras remendarlo. Pero no, lo mejor que se te ocurre es decirme que he adivinado que has estado aquí por unas simples fotos. Eso me ha hecho pensar algo: si esas fotos no hubieran aparecido ante mis ojos por casualidad, yo no habría sabido nunca que tú habías estado aquí, ¿cómo me debo tomar eso? ¿como? dimelo... Dime si es justo que cada vez que yo he ido al sitio donde naci siempre te avisé, quise verte... y tu solo piensas en ti, sin ni siquiera ofrecerme el derecho de saber lo que tú, en un principio, querías hacerme saber.
Y es que no puedo ser fuerte ante esta mezcla de rabia, decepción y tristeza. Y no quiero abrirle las puertas a la melancolía. Te he pedido que me eches de esa parte de tu vida en la que estuve presente, y sé que serás capaz. Eres capaz de eso y de mucho más. Has sido capaz de pintarme un cuadro lleno de color y aparentes verdades. De sentimientos. De intenciones. Pero al final el cuadro ha resultado ser una falsa obra maestra, y a mí no se me da bien empezar de cero con personas como tú. Por eso prefiero cerrarlo todo aquí, porque sé, de antemano, que si vuelvo a hablarte, que si vuelves a influirme, acabarás por hacerme todavía más daño, y entonces no sé si podré soportarlo.
Ya me pasó una vez con alguien que se parece a ti en más de lo que a mí me gustaria, y las cosas acabaron mal. Asi que prefiero que esto no se estropee aun mas, prefiero no darte la libertad de que me dañes, porque mi corazón no nació con hoja de garantía, y no existen fábricas que puedan recomponerlo a base de herramientas ni farmacias que puedan sanarlo a base de fármacos. Porque no existen los milagros, porque no existen muchas personas sinceras. Porque te echaba de menos y ahora tengo que sentir todo lo contrario.
Al final me lo has puesto fácil, y yo te lo he puesto fácil, también.


Porque cada día estoy más segura que el verdadero error fue abrir un poco nuestros corazones y llegar a creerme que tú eras distinto, que eras otro, que eras quien fuiste.

Porque tu manera de actuar ha sido la gota que ha colmado el vaso.
Y ya está bien.

domingo, 8 de noviembre de 2009

No puedo esperar (porque no ocurrirá)


No puedo esperar que algún día te despiertes y cambies tu forma de pensar, porque sí. No puedo esperar a que comprendas que no desterrar recuerdos felices es una tarea compleja, pero que, a fin de cuentas, te aporta razones para ser feliz, durante más tiempo. No puedo esperar que algún día te veas con las ganas de hablarme de mí cuando era pequeña, de cómo me veían tus ojos, o de verte sonreír mientras me lo cuentas. No puedo esperar a que cambies en la manera de tratarme, no puedo concebirte como un ser no ambivalente por la maldita razón de que perdí el contacto contigo y yo no sé cómo vas a responderme en los momentos en que mis labios o mis manos te lancen preguntas, cuya respuesta necesito conocer la mayoría de las veces. Me siento algo estúpida al intentar encontrar palabras que a ti no te apetece escribir. Me siento sola cuando hablo de lo que fuimos, de lo que vivimos, sabiendo, de antemano, que a ti no te agrada recordar. Tienes que vivir el presente, me dices... y sí, estoy de acuerdo, yo también lo hago, pero no ocurre todos los días que dos personas como tú y como yo se reencuentran y tienen la posibilidad de transmitirse recuerdos que, por alguna estúpida casualidad, podrían perderse entre tus paredes y mis techos. Entre tu vida y la mía. Entre los caminos que nos separan y las rendijas de la memoria que nunca podrán ser restituidas por otras menos endebles. Asi funcionan las cosas (debe ser).
Yo sólo quería asegurarme mi estancia en tu cabeza. Yo sólo quería contar en tu vida aunque de manera mínima y casi indestacable. Yo sólo quería tener un nombre fijo en tu vida, un número, una voz, una imagen. Y me temo que han surgido demasiadas incompatibilidades. Me temo que somos diferentes en la manera de sentir y de actuar. Yo habría preferido verte ante muchas cosas, tú habrías preferido dejar escapar el momento.
Y ahora, ahora ya no sé siquiera si me quedan fuerzas para cerrar las manos con eficacia, para poder quedarme, así, con las bonitas palabras que me dijiste, y que se colaron en forma de regalo en mis oídos, prometiéndome no marcharse nunca.

El tipo de domingos a tu lado

Sé, estoy segura, y no hace falta hacer uso de ninguna reprobación, que mis domingos a tu lado serían mucho más bonitos. El sol desprendería más rayos de luz y las nubes se esconderían un poco más. Sé que sonreiría un 75% más si tú estuvieras cerca y yo, a tu lado. Sé que idearía planes de domingo para dos.

Daría un pequeño paseo hacia tu casa, pulsaría al botón de tu telefonillo y tras escuchar tu voz, te diría que fuéramos al cine, que nos llevarámos a tu hermana pequeña. También me quedaría contigo estudiando algunas tardes, y prepararía la merienda para dos. Después, te merendaría a ti, entre besos y palabras, con miradas de fondo.

Amenizaría tus momentos de tristeza y desesperación con mis caricias, te abrigaría en momentos de frío y te desnudaría el alma para oír tus "te quiero" cortando la respiración al aire. Te enviaría poemas de los mejores poetas una vez al mes y te enseñaría qué espero yo de la vida. Te mostraría episodios de mi vida hasta que tú llegaste a ella y te esperaría por las noches en mis sueños, en cualquier acera, con la intención de estar entre tus brazos durante cinco minutos. Con tal de un abrazo diario como nuestro abrazo del 22 de diciembre de 2008. Con tal de sentirte, por fin.
Sin embargo, a dia de hoy, estas palabras no tienen mucho sentido. Creo que quieres escapar de mi vida, y hacer que yo escape de la tuya de manera simultánea, para no compartir más momentos, para no más encuentros. Sé, también, que daría igual que te hablara de este tipo de domingos ni que te hablara de mi compáñía en tu vida, fuera cual fuera el día de la semana en cuestión; porque no te importo, porque tú no lo sabes, pero es así.

jueves, 5 de noviembre de 2009

En otras circunstancias

Si tuviera que despedazar mis palabras, mis pensamientos, te diría que me hubiera gustado aprender a besar contigo, si el tiempo y nuestras actitudes hubieran corrido a nuestro favor. Me hubiera gustado aprender a besar contigo, sí, con tu boca y de tu boca. Ante tus ojos, bajo tus ojos. Me hubiera gustado aprender a quedarme dormida entre tus brazos. Me hubiera gustado también, ser la primera chica en invitarte al cine, para que después tú me invitaras a la merienda de tus besos y tu compañía en mi portal. Me hubiera gustado llamar más a ese timbre, que sólo toqué una vez. Me hubiera gustado ahogarme en tu mirada, para después pedir auxilio y que tú fueras quien me salvara de tanto amor, para después sumergirme, con más aire, con más tiempo.

Me hubiera gustado haber estado cerca de ti mucho más tiempo. Me hubiera gustado cogerte de la mano y no haberla soltado durante un largo paseo, un otoño en el Soto o una primavera en el Liana. Me hubiera gustado regalarte mi esperanza en navidad, haberte tenido el dia 5 de enero y haber estado ahí para ti. Para escuchar tus canciones y cantarte mis deseos.

Me hubiera gustado, en definitiva, haber aprovechado el tiempo que dejamos escurrir por el suelo de las calles que pisamos, por las rejas de las puertas del colegio, por las últimas gotas de nuestra infancia. Me hubiera gustado acercarme a ti, y a solas, haberte dicho: “Llevo tres años mirándote a los ojos con porciones de cariño viajando desde mi piel hasta tu piel, idiota.”
Sólo así, (y quizá) tú me hubieras dado un abrazo tierno, caliente, y no nos hubiéramos soltado hasta mucho, mucho tiempo después.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

20:22 No puedes hacerme esto, todo, todo menos olvidarme

Dime que soy idiota, pero la reacción de haberte llamado ha sido totalmente espontánea, inesperada. Ha sido innato, y no he podido controlarlo. Ni siquiera he llegado a pensar que podría sentirme peor si tú pudieras decirme algo que me hiriera. Sólo he sabido que quería escucharte. Al cuarto tono quería desistir y ha mermado, a grandes pasos, mi ilusión por intentar hablar de lo que nos quedó por hablar. (Aunque según tú, todo está hablado...)
Dime que soy idiota por haber sonreído el 85% del tiempo de la llamada. Dime que soy idiota por pensar que tú has podido imaginar esas sonrisas, y tu memoria, vivirlas (por los dos). Dime que no debería haberte llamado para crear más recuerdos, más frases... dime que a veces lo estropeo, o no. O convénceme de que en realidad, nos hace falta hablar. Aunque sea de vez en cuando, pero no te encargues ni te propongas borrar o espantar parte de tu infancia sólo porque fue demasiado bonita, o porque yo estuve allí y no fuimos quienes pudimos haber sido. Sólo por eso no debes arrebatarte (ni arrebatarme) porciones de felicidad que sí manifestamos, y experimentamos. Con esos años de inocencia y con nuestra mutua presencia. No debes olvidarlo. No debes olvidarme. Aunque pienses lo contrario.
Ojalá me pudiera quedar en tu memoria el resto de tu vida, de manera que al recurrir a ella para buscarme en alguna sonrisa lejana, tú también sonrieras. Eso es bonito. Y posible. Pero como siempre, está en tu mano decidir por los dos. Decidir si quieres echarme y dejarme fuera de tu puerta. Está en ti conseguir que nos perdamos (o no) y hacerme más feliz de lo que podría ser. Y no suelo pedir mucho, y si en esta ocasión te lo parece, lo siento. Pero me resigno a no contar en tu vida, aunque sea en forma de una leve nostalgia que a veces, en lugar de calentarte los músculos y el alma, te apena tus más pequeñas lágrimas.
Yo no sé qué puedo hacer para convencerte de que estás andando por el camino incorrecto. Estás caminando a través de caminos que no dejan sitio para lo que sí viviste. Y sí, joder, sí, forma parte de tu pasado, ¿pero por qué deshacerte de él si te dio cosas bonitas? ¿por qué no recordarme si te estoy pidiendo lo contrario, con todo mi corazón? Te lo aseguro... sería el mejor regalo que pudieras hacerme. Pero yo no sé si eres capaz, y sobre todo, si tienes voluntad de dejarme un hueco especial en esa cabeza, y por consiguiente, en ese corazón. Aunque dudo seguir estando en alguno de esos dos sitios. Lo dudo, aunque, de ser sinceros, me gustaría estar en los dos. Y pagar la parte correspondiente a tu dolor, con el mío, si hiciera falta. Pero creo estar segura de que si me echas de tu vida, o si destiñes el recuerdo de lo que fui para ti, sólo porque esa niña de diez años no va a volver a existir ni a rodear las papeleras y pasillos de nuestro colegio; te habrás arrebatado, para el día de mañana, un motivo más por el que sentirte algo más feliz.
No me contemples como una pieza de puzzle inútil que sólo sirve para entorpecer, o que no coincide en ningún sitio. Sólo depende de ti que encaje mi sonrisa, mis ojos o mi nombre en algún pequeño solar de tu mente. Y déjame bajo el sol, bajo la lluvia o entre copos de nieve, déjame con lo que quieras, pero déjame estar ahí.
Yo no he cambiado tanto, y si quisieras, todavía podrías encontrar parte de la niña que fui con sólo mirarme a los ojos y tocar mi corazón sin pretenderlo...
(...pues lo haces cada vez que oigo tu voz, tu risa o tu manera orgullosa de saber que eres importante para mí. Ojalá yo, pudiera despertarme mañana, y estar igual de orgullosa por saber que soy lo mismo para ti).

martes, 3 de noviembre de 2009

Falling slowly

Rescátame

Rescátame de la nostalgia de los años pasados, rescátame de la melancolía de nuestros besos no dados, rescátame de la trsiteza de no habernos tenido a pesar de haber podido ser completa y totalmente correspondidos. Rescátame de esta juventud y hazme volar a aquello que fuimos, y borra la parte del "y no fue" de nuestros vocablos.

Volvamos a los diccionarios pequeños, a las libretas de dos rayas, a los lápices y reuniones en las papeleras de clase para regalarnos dos sonrisas tempranas. Sueña conmigo e intenta recordar qué ropa llevaba yo con once años. Acuérdate de mis sonrisas en las clases de gimnasia, y yo me acordaré de tu manera de enfadarte en religión y de hacerte especial sin saberlo. No olvides nuestro modo de hacernos rabiar, y del modo en que empecé a verte como algo más importante que un simple compañero de clase, de colegio. Sólo escribir estas palabras me trasladan a otro mundo del que en realidad nunca debí salir, o al menos, no sin haber sido sincera antes de que llegara el verano del 2000, donde tocó decir adiós, sin siquiera haberlo pronunciado.

Volvamos atrás y establezcamos una despedida como Dios manda. Volvamos aunque sea con los ojos, con la mente, con las noches y con la memoria.

Rescátame de todas esas cosas que no hicimos y hagámoslas posibles. Rescátame de la soledad de sentarme sola ante la caja de recuerdos que ambos tenemos. Siéntate a mi lado y atrévete a mirarlos como yo. Con la pena pero con la satisfacción de haber coincidido en el mismo tren, durante algunas estaciones que ni la más venganza más dura conseguirá arrebatarme.

El paso del tiempo me hará recordarte con más fuerza, lo sé, y lo sabes. El paso del tiempo me hará aferrarme a esa fotografía donde tus ojos parecen verdes y tu sonrisa, eterna, suave. Te miro y me apetece acariciarla con mis dedos y entonces me visitan las ganas de llorar(te), pero tú no sabes comprender ni la mitad de lo que digo y lo que siento. Lo sé, y lo sabes. Tú prefieres calzarte las mejores deportivas, atarte con rapidez los cordones y echar a correr. Escapar de eso que fuimos, y de lo que no fuimos pero pudimos ser. Prefieres escapar de mi sonrisa infantil, de mis ojos alegres, del flequillo y el color claro de mi cabello cuando era niña, de todas esas cosas que no sé si recuerdas porque tampoco me lo has dicho.

Y seguiría recordando por los dos, pero me temo que tú ya te has ido. Tú ya has decidido. Has preferido dejarme sola ante el cúmulo de episodios que tuvimos la capacidad de vivir juntos y explotar al máximo. Hasta dejarnos la piel, la sangre, y la emoción (sobre todo la emoción).

Rescátame de todo esto, y te regalaré un abrazo tierno que sepa abrigarte hasta la próxima vez.

lunes, 2 de noviembre de 2009

No me destroces

No esperaba que llegara esto, no después de tantas confesiones, no después de tantas cosas dichas (bonitas, por cierto). No después de todas esas palabras que llegaron a mi corazón en forma de flecha, punzón, aguja, llámalo como quieras. El caso es que me pinzó, me tocaron tus sílabas, tu manera de intentar hacerme entender qué fui para ti. No esperaba que después de dos noches tan sinceras, tan enteras; te alejaras. Tan rápidamente, sin explicaciones, claro, que es así como se hacen mal las cosas.
No tengo derecho a exigirte que me hables siempre que yo lo haga, no tengo derecho a pedirte que me enumeres la clase de recuerdos que te quedaste cuando los dos éramos pequeños, pero sí creía que tenía derecho a que pudieras ser ese amigo con el que se puede hablar de todo, la clase de amigo que te agradece los detalles que haces con cariño, esperando que la otra persona lo vea con chispas o un mínimo de brillo en los ojos.
Pero, no, serás tú otra de esas personas a las que ni siquiera puedo influirle. He perdido la esperanza con estas últimas noches en las que no me has hecho pensar que mis palabras han podido cambiarte, o hacerte recordar. Ya no sé, siquiera, si creer que nuestro pasado te daña, por el mero hecho de no poder retroceder. No, tú me estás perdiendo y ni siquiera estás en condiciones de verlo. O de querer verlo. O quizá es precisamente lo que quieres para paliar o frenar ese dolor, pero creo que es mucho más triste que me pierdas del todo, que dejes de contarme en tu vida. Aunque no pueda verte cada día y pensar por los dos que fuimos muy felices mientras nos aprendíamos el nombre de los ríos y provincias en los mapas de la escuela.
Qué puedo decirte... ahora... ahora sólo se me ocurre mantener la rabia intacta, por ver que no estás ahí, que según tú "Todo está dicho", y ¿ya no hay mas? ¿No puedes decirme cómo va tu vida, cómo te sientes, qué esperas de la gente? Y sobre todo, ¿qué esperas de mí?
Siento que estás ampliando esta distancia por momentos, que te niegas a hablarme o que ya no te interesa después de haber puesto la mitad de tu corazón en mi mano, en forma de palabras y verdades que nunca salieron de tu boca, por idiota. Como tú dijiste.
Siento que te quieres alejar, por miedo, por interés, por no querer recordar. Pero, deberías saber, o pensar, al menos, que la nostalgia bonita es uno de los mayores regalos que nos brinda la vida, y a su vez, la memoria. Nuestra memoria. No la castigues, no la pintes de otro color ni la tiñas de blanco, no la cubras, no intentes disimular años que te colmaron de alegrías. No lo hagas sólo porque yo estuve ahí, en primer plano, y no supimos decirnos nada al oído, ni estrecharnos las manos en ese tiempo que tuvimos. (Estoy segura que lo aprovechamos, aunque de otra manera distinta).
Siento que para ti las confesiones han acabado, que la amistad está tendida afuera, colgando de dos pinzas que están a disposición de tus manos. Por eso, déjame decidir, déjame tenerte, al menos, de algún modo. Pero no nos abandones. No nos obligues a morir. No mates nuestros recuerdos ni nuestra forma de mirarnos cuando yo te sonreía y tú desviabas los ojos hacia arriba o hacia la ventana que descansaba a tu derecha. No lo hagas...porque entonces, estarás cargándote parte de tu vida, y a la vez, parte de mi alma.
No me destroces, y entontes, entonces me propondré quererte siempre.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El desvío que no debes tomar (por los dos)

Después de tantas cosas, y después de tanto tiempo sin "encontrarnos", nos hablamos directa y profundamente, y me dejas boquiabierta con palabras que nunca esperé leer de tus manos. También me dejas con un poso de desazón en el alma, al decirme que nos estamos haciendo daño por el simple hecho de recordar nuestra infancia, y que ella acabó uniéndonos. Y puede que lleves razón, lo pienso, pero no lo digo, porque, al mismo tiempo, me doy cuenta que prefiero recordar y hacerte recordar, con el único propósito de que no me olvides. No ahora, no durante los próximos meses y años.
En realidad, no me gustaría que me olvidases nunca, pero me temo que no puedo influir en eso. Por eso quizá te hago rememorar cómo solías escribir cuando tenías nueve años o en qué clases mis ojos te buscaban al moverte. Puede que no quieras leerlo, y mucho menos escucharlo, pero a mí me hace falta hablarte de lo que vivi cuando te conocí para saber que fue real, y que nadie nunca podrá llevarselo.
También debería decirte, entre otro conjunto de cosas, que nunca nadie podrá ocupar tu lugar. Fuiste demasiado importante y aunque cuando todo se acabó, siempre esperé encontrarte en algún otro punto, en cualquier kilómetro o espacio de la ciudad que entonces era de los dos. Por eso quizá acabé buscándote en tu casa, con la intención de tenerte otro rato más en mi vida, y por fin, dejarte con las ganas de tenerme. Aún así, nunca imaginé que podría llegar a gustarte.
Si nos hubiéramos confesado, probablemente el curso de los hechos hubieran sido diferentes. Hubieramos sido imprescindibles el uno para el otro y hubiéramos seguido recordando juntos sin tanto dolor, porque ya nos tendríamos. Pero, yo quiero seguir pensando que nos tenemos, de otra forma, sí, pero nos tenemos.
Hace diez meses me reconociste, viste que era la misma niña que conociste en el colegio y no hay nada mejor que eso para corresponderse. Para saber que los años no nos cambian tanto, para saber que estoy ahí para ti.
Ojalá, (insisto) pudiéramos haber influido en nuestras vidas como para poder decirte ahora mismo que en lugar de para ti, estoy por ti.
pd) No olvides que el olvido no es la mejor estrategia para no hacerte daño. Puede que tu memoria quiera buscarme dentro de unos años, y eso pueda dolerte más. No olvides que el olvido es el desvío al vacío. Al ahogo más absoluto. Aunque no lo sepamos reconocer así, porque todavía no lo hemos experimentado. Quédate con mi sonrisa, con mi nombre, con mi cariño; y no me borres.

jueves, 29 de octubre de 2009

Cruce de caminos


-Debemos de reconocer que nuestras vidas jamas se cruzarán de nuevo, y eso es triste; ¿no crees?


¿Y qué puedo decirte yo? ... Sólo se me ocurre cerrar los ojos, fuerte, bien fuerte, para no llorar.


Y luego, en sueños, puede que te diga "Lo creo, y lo es".

miércoles, 28 de octubre de 2009

Por mí

- Mira te voy a decir una cosa, cuando terminanos el cole me dio mucha pena, pero es que, lo que nunca te he dicho que lo que más pena me daba era por ti. Pero nunca te lo dije. Y sabia que no te volvería a ver.
Y entonces, yo, me quedé sin palabras.

lunes, 26 de octubre de 2009

La única manera

Imagínate, sólo trata de dar rienda suelta a tu imaginación, por un momento, durante cinco minutos, sé capaz de pensar en lo más trágico, en lo más duro que pudiera a mí sucederme. En lo más injusto. Y céntrate. Piensa, por un instante, en algún estúpido accidente que pudiera arrebatarme la conciencia, el sentido, (todos mis sentidos). Y que tardara en volver a abrir los ojos, en volver a abrir la boca, abrir las manos y estirar los pies y mi cuerpo por completo. Imagíname en alguna habitación blanca, abrigada con sábanas blancas, rodeada de paredes blancas y puertas blancas, con asistentes de bata blanca y zapatillas blancas. Imagíname al borde de la muerte, al borde de desaparecer para siempre. Imagina esto y di si, de tan solo trasladarlo a tu campo imaginativo, te da pena. Si así es, imagínalo una segunda vez. Y después, ínmediatamente después, piensa: ¿Vale la pena que te hayas querido comportar así? ¿Vale la pena que no hayas querido quererme como lo hace un buen amigo?

Yo, lo pienso, y se me entristecen los ojos. Y pienso que en absoluto vale la pena. Y creo que tu pensarías lo mismo si leyeras este drama, si pudieras crearlo en tu cabeza. Recreate en esa imagen, en esta situación. Con mis párpados y mis labios sellados. Con mis pestañas secas y mi pelo intacto. Imaginame con un 4% de vida y con las manos vacías de esperanza. Imagínalo y di en voz alta que la vida es demasiado corta como para haberme querido perder de este modo y ni siquiera intentar ser más consciente, más sensato contigo y conmigo al mismo tiempo.

Es de la única manera, creo yo, que volverías a mi vida. Creo que sólo volverías a buscarme, a encontrarme, a verme, a hablarme, a escucharme y a abrazarme si algo malo me sucediera. Y eso si que me da pena. Mucha más pena que cualquier otra recreación que pudiera venírseme a la cabeza en este momento.

La única manera con la que tratarías de intentar quererme de nuevo. Y me pedirías perdón, seguro. O al menos eso sí forma parte de mi propia secuenciación de hechos.

De todas formas, para qué tratar de sensibilizar tu piel, tus ojos o tu mente, si yo nunca he tenido tus llaves, y nunca me has mostrado el camino para llegar más allá. Hay personas, como yo, que dejan de tener miedo, que tratan cualquier asunto del corazón, y hay personas como tú, que se cierran en banda a la mínima señal de cariño. Pues bien, personas como tú y como yo no se deberían encontrar nunca en la encrucijada de los caminos. Porque las personas como yo sufren por personas como tú, y eso también es penoso.

Yo, a partir de ahora, trataré de quitarle la pena de no contar contigo a mi vida. Seguro que algún día deja de ser pena, y pasa a ser tranquilidad.

domingo, 25 de octubre de 2009

Ocho años, ocho años es mucho.

Después de ocho años sin vernos, nos vemos. Con prisas, pero al fin tú puedes y yo quiero. Como nunca. Con ganas y con miedo, también. El típico miedo estúpido de: ¿Le pareceré guapa? ¿Qué pensará de mí al verme? ¿Le parecerán bonitas mis sonrisas? ¿Podré abrazarle tanto como quiera? ¿Se quedará más tiempo?...
Después de ocho años sin vernos, acabamos viéndonos. Entre dos coches y con el tuyo como testigo. Con la noche puesta y las estrellas apuntando hacia abajo. Con mi bufanda entre mis manos para suavizar mis nervios y con tu sonrisa delante de mis ojos, en mis ojos. Después de tanto tiempo sólo acierto a sonreir, a querer verte sonreir y que no dejes de hablarme. Que rías, que rías como nunca, y que nos tiremos horas hablando de cómo era nuestro colegio, de las excursiones, del por qué de tanta felicidad.
Y ahora, que ha pasado casi un año desde ese momento navideño en que volvimos a reencontrarnos, ya, de adultos, hablamos de lo que fuimos capaces de hacer entre esos dos coches, de nuestros límites, de lo valiente que eres tú y de lo valiente que puedo llegar a ser yo. De que te hubiera comido a besos si la situación hubiera sido diferente. De que me conformé con un intenso y fuerte abrazo, como bien defines tú. No podía hacer otra cosa. Al menos, no podía dejar pasar esos sesenta minutos sin sentirte más cerca de como se siente a alguien al estrecharle entre sus brazos.
Después te perdiste rumbo recto entre las calles de la ciudad, en esa noche que no me pareció tan fría estando tú delante. Ante mi figura. "Ya no es un niño", pensé. "Dios, ya no es él. Es distinto, tan distinto".
Y es que fue importante para mí ver tu rostro, tus facciones, tus brazos, tu cuerpo entero después de tantos años sin cruzarnos. Fue importante, e impactante.
Quise besarte, y no lo niego.
Quise haberte tenido un rato más, y no lo tuve.

Tiempo sin ti

Quiero no gastar mi tiempo en inutilidades. Quiero una doble ventana a tus recuerdos.
Quiero opacidad entre tu existencia y la mía. Más. Aún más. (si existe)
Y que se me cierren los diccionarios, que se me escapen las palabras (las que van hacia ti, claro) y se pierdan al intentar regresar en el camino de cada mañana.
Quiero sentirme descansada. Quiero que no me pesen los recuerdos y menos el olvido, pero hasta eso me embarga dudas. Y tampoco las quiero.
Quiero que un día tu conciencia, además, te diga cuánto te has equivocado. No hará falta que vuelvas porque para entonces, (y habrá pasa demasiado tiempo, lo sé), yo estaré mejor. Mejor sin ti. Con tiempo para mí, para mis sonrisas, para mis felicidades.

sábado, 24 de octubre de 2009

Echar, o no echar de menos

No puedo echarte de menos sin quererte, pero lo que no puedo es permitirme tanto daño por la mera incapacidad que tuve y aún tengo de no dejarte en la calle del olvido. No he sabido, ni sé. Pero sabré. De eso estoy segura. Aunque no dure mucho tiempo, aunque podamos volver a encontrarnos dentro de seis años más, aunque el día de mañana el hombre de mi vida tenga un hermano que se llame como tu o aunque...mil cosas más.
Tampoco puedo echarte de menos sin pensar en todo lo que he pasado por ti. Seria mentirnos a los dos. Igual que no olvido la vida de tus ojos y el tacto de tus manos, no olvido tus palabras más frías y tu indiferencia a mi voz. Es algo que no podría explicar mejor que con una de mis miradas. Las típicas de decepción, de la pérdida del sabor que te produce saber que dispones de una amistad que vale mucho y te hace ser más feliz que de costumbre. Así me pasó contigo. Nos perdimos, y aunque no supiste verlo (ni lo verás nunca, lo sé) tú también pusiste mucha de tu parte en conseguirlo.
No puedo no echarte en falta sin pensar que tal vez me crucé en tu camino de la peor de las maneras, de MANERA EQUIVOCADA que es como se fastidian las cosas. Sí, he oído mil veces eso de que de los errores se aprenden, y algunas veces hasta es verdad y el darnos una buena bofetada contra cualquier obstáculo que no preveíamos, nos sienta bien. Pero que esa misma bofetada, además de pegártela la vida, te la pegue el chico que te gustaba a los trece años, es más que cualquier golpe físico en la piel. Es un golpe maestro. Es un arañazo en las carnes más vivas y las pieles más suaves. Es un desgarro en las cuerdas de nuestros cuerpos y una desazón con pena en cada nudo de nuestros huesos, que a veces nos impiden andar hacia el pasado por el simple hecho de no querer recordarlo (aún) más.
No puedo dejar que te eche de menos cuando por sí solo, el dolor se quiere posicionar con el intercambio de alegrías y afecto en una balanza oxidada. Yo nunca quise medir tu cariño, o tus buenas acciones, o tus palabras, y mucho menos, (muchísimo menos), el daño recibido por ti. Pero no he sabido hacerlo de otra manera, no he sabido espantar ni mis miedos, ni mis pensamientos más realistas, ni esta triste desnudez puesta exclusivamente ante tus ojos.
No puedo echarte de menos de momento, pero tampoco puedo arrepentirme de querer conseguirlo. Porque sé que me daría vida hacerlo.
Y no lo siento. Porque ya, serían demasiadas cosas por sentir.