viernes, 3 de abril de 2009

Ausente


Yo me resisto a darle señales de vida, y él, probablemente (muy probablemente), no tenga esa sensación de resistencia. O al menos no conmigo, porque no le hará falta frenarse. No tendrá la necesidad de hablarme o el deseo de saber qué tal me ha ido la semana. Intento pensar que alguno de estos días me habrá imaginado, o al menos, pensado durante un minuto, y después, en lo estúpidos que hemos sido. Pero sigo creyendo que él decide parar y continuar cuando se le antoja. Y yo soy quien espera, quien llama a la puerta, quien da noticias y quien, al final, después de tanto esperar, desespera. Y no quiero estar desesperada. No. No por él. No es el momento. Nunca lo ha sido ni lo será. Y ya he pasado muchos días mirando el teléfono pensando que llamará, que olvidará la última conversación inútil que tuvimos, y que no le dará tanta importancia al hecho de que yo quiero que se exprese, que me diga lo que siente, grande o pequeño... profundo o no... pero que diga algo. Que haga uso de las palabras que a veces sabe enlazar de una manera asombrosa.

Yo sé que no podré olvidarle. Y me enfado, en parte, conmigo misma porque sé que debería estar disfrutando de la persona que me está esperando y queriendo al mismo tiempo, la persona que se muere por ir a recogerme a la estación el miércoles próximo, y por llenarme de besos y de palabras bonitas los oídos. Sin embargo, R es diferente. R nunca me ha mimado demasiado, tampoco quiso recogerme en la estacion hace unos meses, y tampoco fue distinto cara a cara. Supongo que él expresa el cariño con los gestos, aunque no siempre sean los adecuados. Aunque a veces faltaron abrazos, y en otras ocasiones sobraron.(Bueno, si soy sincera conmigo misma, en ningún momento me han sobrado abrazos suyos...) Y por eso es tan distinto...porque nunca ha puesto las cosas fáciles, o se da por vencido o prefiere olvidarme, luego decide retomar conversaciones, escribir frases que para mí llegarán a ser trascendentales, (y para él, decididamente/jodidamente no...); y volver a ser los mismos de siempre: dos amigos que se miran a los ojos, sonríen con ellos y después enseñan los dientes. Se les curva la sonrisa, hacia arriba, por supuesto, están bien, en ese momento en el que se sacan de quicio o hablan de cosas banales, pero que, para mí, ¡cómo no! seguirán siendo igual de importantes... Dos amigos que se miran solamente el 45% de las veces de manera simultánea. Durante los minutos restantes... él me mira y yo estoy perdiéndome a través de la ventana de su coche negro. Después... él está atento a la carretera y yo le miro. Al final, dos amigos que acaban hablando y escuchando canciones que voy a recordar cuando vuelva. Dos amigos a los que, el tiempo, mientras están juntos, se les pasa volando... Dos amigos que se enfadan después de haberse alejado, y las ganas de que él abra los ojos, sea menos cabezón que yo y más dependiente de esta amistad. O quizá ya no la quiera. O quizá no le importe tanto como yo creí que le importaba en el momento en qúe tocó una de mis lágrimas una noche de diciembre cerca de su portal.

Nunca me vio llorar. Nunca antes me había visto hacerlo. Ni tampoco de esa manera tan angustiosa e intensa. Y esto no significa nada, no para él, sí para mí.

R es así... aparecerá cuando él quiera aparecer, cuando sienta la necesidad de recibir mis palabras. Mientras...él puede ver mis fotografías, intuir qué estoy haciendo con mis días, con mi vida...si lee los nicks que me definen...pero me gustaría saberlo de verdad. Cerciorarme de que sí le intereso en cierta medida, que se muere por volver a hablar conmigo y que lee mis nicks todos los días... pero es posible que esté equivocada, y que la única que piense en esto sea yo.

R. no dará su brazo a torcer. Para R. sólo soy "Laura Mov", al menos ahora, de momento...aunque él piense lo contrario y no quiera decírmelo...a saber por qué...llevo más de seis meses lanzándole preguntas que no me contesta por múltiples razones que ni siquiera yo llego a imaginar. Si supiera las causas, le ayudaría, pero tampoco puedo hacer nada.

Y R. ahora mira hacia otro lado. Yo intento obviarle y seguir mis pasos. Y dudar de si es mejor encontrarnos (o no)... Pero con él todo son dudas. Siempre ha sido así, y si él vuelve a asomarse, la rueda seguirá girando y mis preguntas seguirán alquilando la parte de mi mente en la que él lleva instalado demasiado tiempo.

¿Ahora? Ahora solamente es un inquilino ausente que deja de regalarme las buenas noches y un adiós diferente, sin sabores amargos.

Puede que vuelva. Y puede que le reciba.

4 comentarios:

  1. A veces pienso en la cantidad de cuentos de la lechera que nos formamos camino de un mercado que no existe ni existirá... y pensamos que podemos recomponer el cantaro con los fragmentos... pero aunque podamos hacerlo, la leche derramada ya no volvera a nuestro cantaro... y debemos asumir que hay que seguir viviendo y mirando hacia adelante....

    Aunque vuelva. Aunque deseemos que lo haga. Aunque no lo haga... siempre hay que seguir hacia adelante...

    BEsos y ánimo

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  2. ufff qué duro no??? qué decirte, que me siento super identificada contigo, son tantas dudas, tantas ganas de que hable, de saber qué piensa sea lo que sea... de no tener que guiarme por comentarios que le salen solos sin pensar... y que aún así doy gracias a ellos porque es lo único que a veces nos puede decir algo... y mientras tanto nosotras esperamos, pensamos, aguantamos, deseamos, queremos..... y nos enfadamos, sí. De ver lo tontas que somos pero también xq queremos demasiado... somos así y no podemos cambiar. Es lo qe hay... besitos!!
    inma

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  3. pd: quizás, aunque suene masoca y aunque seamos idiotas, lo quenos gusta es que no nos mimen tanto... y querríamos que quien nos mimara tanto fuera la persona q no lo hace :S :S bsito

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