lunes, 5 de diciembre de 2011
Otra casualidad que lleva tu nombre
lunes, 28 de noviembre de 2011
Clases de sueños
Hay muchos tipos de sueños, sueños que te arrancan lágrimas, sueños con los que revives momentos increíbles, sueños que te llevan a tu infancia otra vez, sueños que te alejan de tu hogar y te llevan a un rincón nuevo y desconocido, sueños donde se te sinceran y donde te confiesas, sueños donde alguien te dice la verdad o donde te cambia la vida. Pero hoy he tenido un sueño divertido y ciertamente gracioso, ese tipo de sueños que te hacen reír y donde te lo pasas bien por lo ilógico que es.
En el sueño de esta noche aparecían ellos dos: JM y un chico de Barcelona algo mayor que él con el que coincidí en un pueblo costero hace dos veranos. Si algo tienen en común, es que “conecté” con ellos dos la primera noche que les vi. Nos besamos y nos intercambiamos los teléfonos y una dirección electrónica para “seguirnos la pista”. En el sueño se suma una casualidad, JM llama por teléfono al chico de la ciudad condal y éste le cuenta que está al lado de una chica que se llama Laura tomando algo en una terraza. Intenta describirme y de repente JM intuye que está hablando de mí. El momento continúa y me doy cuenta que JM conoce a ese chico barcelonés que compartió conmigo un buen rato, resulta que son amigos y JM se sorprende de que el barcelonés no le haya contado que me hubiera conocido, que hubiera bailado conmigo, que hubiéramos alargado una grata conversación. El barcelonés se sorprende también de la ligera molestia de su amigo y acto seguido me sorprendo yo más. No doy crédito a esa situación, ¿por qué ellos dos se conocen? ¿cuál habrá sido su punto de encuentro?
Dicen que la vida te da sorpresas. Yo digo que los sueños también las dan.
sábado, 19 de noviembre de 2011
El adiós definitivo.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Será esto la vida.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Caprichos más, caprichos menos.
Hay momentos en que pienso que nos merecemos pasar un día juntos, pasear tranquilamente por cualquier calle de cualquier sitio, entrar en librerías, tomarnos un café, comer juntos, hablando el uno frente al otro sobre las cosas que nos quitan o no el sueño, contarnos el mejor viaje de nuestra vida, el peor y el mejor momento que hemos vivido y confiarnos secretos que ya poco importan. Dedicarnos miradas sin darle más interés del justo y necesario. Olernos a distancia, sin tocarnos. Ir al mismo compás. Mirar escaparates, echarnos a reír en mitad de la calle por cualquier tontería. Invitarte a cenar y guardarme el ticket como el único testigo de nuestra primera y única cena. Hacerte una foto sonriendo(me). Tomarnos una copa disfrutando del aire que nos da en la cara. Escribirte un adiós en una servilleta para no tener que pronunciarlo y fingir que nos volveremos a ver con un “hasta pronto”. Darme la vuelta esperando que algo de ti se apague por un segundo, que se te aflige el ánimo o te entren ganas de seguirme para decirme que has pasado un día muy feliz conmigo.
Y otras veces, simplemente pienso que tú y yo ya tuvimos nuestro momento, el que nos tocaba vivir y compartir: el roce de tu piel, tus besos regalándome calor en una noche algo fría y una sonrisa a media luz que me delataba lo mucho que me costaba alejarme de ti.
Eso es todo lo que pienso, ahora dime tú que ya vale de decir tantas tonterías.
domingo, 30 de octubre de 2011
Pieles nuevas.
viernes, 30 de septiembre de 2011
De aquella forma.
Caminé sola hacia casa, desapareció mi sonrisa y descubrí que me acompañaba la sensación de haberle dado más de lo que se merecía, mucho más de lo que yo había recibido. Por eso, por esa sencilla razón nunca me salieron las cuentas.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Reciclando.
He roto, después de siete años, todas las cartas del primer chico del que me enamoré. En realidad, nada de esto hubiera sucedido si él hubiera sido el chico que yo conocí, y nos hubiéramos reencontrado como Dios manda, con palabras suaves y delicadas, sin rencores de por medio. También hubiera estado bien que no me la hubiera jugado tantas veces seguidas, volviendo cuando le daba la gana aparecer... También hubiera estado bien que yo no hubiera cedido de ninguna de las maneras y que hubiera seguido reticente al mero hecho de vernos. Si un día decidí que no debía estar ya en mi vida fue por un gran conjunto de motivos de peso, potentes. Y esos motivos nunca se los llevó el viento, ni siquiera las palabras. Yo desconozco si se ha vuelto orgulloso, o si tenía ganas de estropearlo todo (aún) más. Yo creo que era mucho más sencillo acercarnos como se acercan dos viejos amigos de instituto que se dan dos besos en las mejillas y se cuentan hechos puntuales de su vida. Pero no sabe portarse bien, no conmigo. Y ha hecho falta 7 años para reciclar todas las cartas que han sido el testigo físico de una historia que creí que soportaría vendavales huracanados. Pero me equivoqué. Aún así, sólo espero no arrepentirme de haberlo hecho, él quería que así fuese, de lo contrario, me hubiera emitido alguna señal, algo que me hubiera servido para captar que quería que esas cartas siguieran existiendo.
Hubo un día que rompí con esa parte del pasado en que estaba él, pero al mismo tiempo, trato de guardar retazos de instantes que viví de manera feliz con personas que en su día fueron especiales. De todas maneras, esto es lo que debía pasar. Y aunque nunca lo ha admitido, aunque alguna vez (me) lo ha negado, no puedo importarle, no después de sus últimas palabras, no después de tanta decepción concentrada y provocada por dos estúpidos sms. Jamás debí abrirle las puertas por tercera y cuarta vez, jamás debí regalarle (más) sonrisas.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Piedras en el camino
Siempre he dicho que no hay nada peor que la indiferencia. Quizá debamos incluir también la palabra desprecio. A veces hace el mismo daño, y se siente el mismo tipo de dolor. Aún así, jamás pensé que ciertas personas a las que les otorgué tanta importancia en mi vida, acabarían haciendome sentir tan mal. Quizá todo sería más fácil si fuera como ese tipo de personas que cuando cierran un capítulo lo cierran para siempre, pero no, yo soy de las que abre el corazón y después se olvida cerrar con pestillo, por si acaso, por si las moscas... e intento ser optimista, pensar que todo puede salir bien. Estoy cansada de dar mi brazo a torcer, de poner todo mi esfuerzo en algo y alguien, para que luego todo se desmorone y alguien te dedique palabras que producen dolor hasta la última vértebra.
Supongo que siempre tiendo a equivocarme con las mismas personas, con ésas a las que creí durante tanto tiempo. Y si me ocurre esto es porque creo demasiado en las mentiras que los demás disfrazan de verdad, y porque creo en la bondad natural e innata de las personas como si jamás fueran a actuar con otro tipo de sentimiento, pero no. Ojalá, de ésta última, haya aprendido suficiente. Ojalá, un día crean sentir el mismo tipo de dolor que han causado en los demás. Ojalá, un día abran los ojos y pidan perdón (aunque a pesar de que dicen que nunca es tarde, yo creo que sí, que a veces es demasiado el tiempo que pasa, y después el perdón sólo sabe a tengo que limpiar esta conciencia mía). En fin, ojalá, aunque tarde, esa conciencia les hable, y les haga sentir la cuarta parte de lo que a mí me han hecho sentir, gratuitamente. Y ojalá, a esta servidora, le de por no dejar de dar segundas, terceras, cuartas, quintas y un sinfín de oportunidades a quien no se las merece.
lunes, 30 de mayo de 2011
Malditas casualidades.
martes, 24 de mayo de 2011
De inspiración y bocetos.
Pero también hubo un tiempo en que yo me di cuenta que nada de eso me reconfortaba, quizá no nos supimos comprender. Él no conectó conmigo, yo tampoco supe conectar con él. Y lo cierto es que no había que conectar, simplemente saber estar, saber utilizar las palabras adecuadas. Tal vez mi problema fue querer sentir que él iba a estar ahí, para hacerme sentir mejor en noches intranquilas o simplemente tristes. Todo eso se acabó. Yo necesité desaparecer para él, él no ha vuelto a aparecer. Por eso ya no sé en qué momentos me dijo la verdad, en qué instante fue 100% sincero. Sin embargo, hoy una carpeta de mi ordenador ha querido que me encontrara con esto. Seguro que sigue dibujando en sus ratos libres, y seguro que algún día, cualquier otra mujer que lleve mi nombre le pueda servir de musa.
domingo, 22 de mayo de 2011
Arma de doble filo.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Otro accidente del pasado.
La parte negativa de mis historias de amor, es que suelo darlo todo sin pedir nada o poquísimo a cambio. Supongo que desde el minuto 1 soy consciente de cuánto me involucro y de todo lo que doy, a pesar de no recibir lo mismo en las mismas cantidades. Quizá porque eso no es lo que más me importa, quizás con la mitad de los sentimientos que yo soy capaz de sentir, me creo y me siento la chica más afortunada del planeta. Y eso no es malo, pero tirarse a la piscina con los ojos cerrados, confiar cuando no hay motivos suficientes para hacerlo y esperar que esa persona sea consciente de las consecuencias de cada uno de sus actos, eso sí es malo, peligroso y contraproducente.
Lo verdaderamente malo de mis historias de amor, es que no sé vivirlas sin poner todos mis sentidos, todos mis latidos, experimentando la felicidad y la tristeza más absoluta, más extrema de todas.
La felicidad ocupa sólo los primeros fotogramas de esas historias, por lo que creo vivir no en sueño, sino en una realidad cuyo argumento es el mejor de todos. Pero después viene la tormenta, la decepción, y, ahí va: los meses de incomprensión, soledad, lamento y lágrimas hasta más no poder.
Lo triste de estas situaciones, es que sé desde un principio que voy a pasarlo mal cuando todo acabe, o cuando las cosas cambien, y precisamente por eso, me enfado conmigo misma, diciendo que no tropezaré con la misma piedra y que la próxima vez me salvaré. Pero no, sólo hago que olvidar cómo sobrevivir, cómo nadar y salir a la superficie, para respirar un poco, y darle vida a este corazón mío.
La gran putada es que si estuviera hecha de otra pasta, si fuera indiferente, si no sintiera con el 100% de mi cuerpo, todo esto no me sucedería. Pero no, nunca he logrado cambiar lo suficiente como para evitarme meses y meses de tristeza causada por la falta de honestidad, coherencia y sensibilidad del resto. Es una putada que por unos capítulos de alegría, después tenga que tragar todas esas estaciones sin entender por qué ocurrió, o por qué a mi... Y ya no sé si la última vez lo veía venir, supongo que sólo esperaba la mitad de todo lo que pasó, y estoy segura que tengo la fórmula perfecta para perjudicarme y buscar más dolor, volviendo a confiar en personas que no se merecen ni terceras oportunidades. De todos modos, aunque me convencí de lo contrario, no vale tanto la pena ser feliz en un breve período de tiempo cuando después sólo te encuentras con mentiras y metamorfosis extrañas, que nadie jamás podría explicarme.
Pero ahora es primavera y sólo quiero olvidar. Este corazón ya se ha desprendido de tiritas que de momento, no le vuelven a hacer falta. No por él. La herida sangró, y cicatrizó en la medida de lo posible. Ahora lo que me apetece es confiar en mi, dedicarme momentos, y comprarme un botiquín (por lo que pueda pasar), nadar a crol y buscar el aire más limpio.
sábado, 7 de mayo de 2011
Aparecer, desaparecer, reaparecer.
viernes, 29 de abril de 2011
A veces, la vida.
