martes, 3 de marzo de 2009

Desechando consejos

Ahora buena parte de mis días consiste en preguntarte qué tal ha ido tu partido de los domingos y en que tu me preguntes qué tal anda mi tripa o mi cabeza. Preocuparme de si has pasado frío en el campo y preocuparte de si mi dolor de estómago ha empeorado, o, simplemente, de si he pasado mucho sueño en la universidad.
Tú embelleces mis días sin saberlo. Y yo quiero embellecer los tuyos formando parte de todos tus días, y también, de tus noches, a ser posible. Quiero que quieras quedarte conmigo, durante el tiempo que me haga falta para poder confiar otra vez en que las historias felices existen, y pueden permanecer, sin que luego caigan en los típicos finales de "tú me dijiste" "yo no te reproché" "me mentiste y...". Pero no es tiempo para pensar en el momento en que nos podamos perder. Tampoco es momento de decirte que esto no importa mucho, porque sí, es así, pero... como he oído hace poquito...soy más bien imprudente. No hago demasiado caso a eso de "prevenir antes que curar"...será que tengo una cierta aversión a los buenos consejos, o a los medicamentos, o a las recetas que pueden curarme.... o a las buenas acciones que pueden preservarme de futuras decepciones que ocasionan, irremediablemente, más que grandes, profundas heridas que dejan más que un par de huellas en nuestra piel.
De todas formas, no pareces ser una persona que haga daño fácilmente, ni tampoco intencionadamente. Tus ojos demuestran todo lo contrario, pero sé que debemos conocernos. Aunque ya embarqué, y ya me tiré a la piscina sin asomarme, sin saber si había más de dos palmos de agua. El golpe podría haber sido impactante...de momento sigo viva, y ojalá siga siendo así durante mucho tiempo, pero a tu lado. Porque ya formas parte de mí, y no hay nada, cada día, que me haga sentir más contenta.

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