jueves, 22 de abril de 2010

Alguien (un poco) más fuerte.


Se pintó los labios de rosa una mañana difusa. Sonrío ante el espejo grande que le regalaron cuando cumplió 18. Se rizó un poco más el pelo con los dedos y cogió la chaqueta de punto que descansaba sobre la silla de madera. Quitó la música, cogió las llaves y llamó al ascensor.
Dio un pequeño paseo por la ciudad, y tras treinta minutos, se encontraba en una cafetería. Sabía que se había vuelto (más) adicta a la cafeína, pero tampoco le preocupaba demasiado. Ni siquiera el café era capaz de mantenerla despierta en todo momento. Apenas le robaba el sueño y tampoco notaba demasiada energía en sus músculos. Cosa de la falta de vitaminas, pensó.
Dejó una servilleta sin usar en la página 30 del libro que su madre le había dejado en el árbol las navidades pasadas y sonrió al viento, esta vez. Pensó en todo lo que había logrado conseguir hasta el momento, en todas las veces que había sufrido por amor y desamor, en todas las cartas que había enviado y en todas aquellas que no había recibido nunca. Después gastó diez minutos más en descubrir que la vida le había escondido mentiras de manera cruel y delicada.
Más tarde, buscó rápidamente el móvil en su bolso, y se dio cuenta de la cantidad de teléfonos que le quedaban por borrar, la cantidad de nombres que debería olvidar, la cantidad de rostros que no podía volver a mirar.
Y con la agenda más vacía, se sintió el corazón más lleno.
Era ya una mujer más fuerte, sólo un poco. Un cambio casi imperceptible; pero así lo creía.
Y antes de volver a casa, pasó por el supermercado, compró tres paquetes de café natural y le regaló, esta vez, una sonrisa al espejo rasgado del ascensor.

2 comentarios:

  1. Así me gusta. Suelta lastre y empieza a verlo todo un poco más rosa.

    Besos desde el espejo.

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